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A PONTENOVA, PARQUE ETNOGRÁFICO

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Villa próspera e industrial con numerosos atractivos etnográficos y naturales.

Posee un patrimonio etnográfico envidiable en el que destacan la antigua fundición de Vilaoudriz, herrerías como la de Bogo, hórreos y cruceros. Otro de sus atractivos reside en las condiciones naturales que posee como el valle de Eo y fragas como As Reigadas. Además de todo esto, es una villa de gran prosperidad industrial.

 
En el año 1905 A Pontenova, en la mariña oriental, volvió a nacer. En este año se inauguró una nueva línea de ferrocarril que desde Vilaoudriz transportaba a Ribadeo los minerales de las minas vascas establecidas aquí. Eran 34 kilómetros del tren minero, con cinco locomotoras que partían de estos cinco hornos.
Sesenta años después A Pontenova no murió, pero si sufrió una mutilación, porque las minas y el tren fueron definitivamente clausurados. Se cerraron tiendas, un pequeño hospital, se abandonaron las casas. Sus más de 3500 habitantes se levantaron tras el duro golpe convirtiendo estos altos hornos, en parque etnográfico, y las vías del tren en ruta verde. Han sido recuperados 12 de los 33 kilómetros. El conjunto arqueológico industrial de los hornos de limonita realizados en cerámica de Sargadelos, están ahora rodeados por una zona de paseo a orillas del río Eo en las que también abrirá un museo del salmón.
Pero las cicatrices siguen ahí.
La instalación de estas minas no es casualidad. La tradición metalúrgica de A Pontenova se remonta al siglo XVIII. En esta ferrería de Bogo, una fundición, ya hay constancia escrita en el siglo XIV incluso se respira la presencia romana. Fue restaurada por las instituciones como casa de turismo rural pero sus dueños la han mantenido poco tiempo abierta.
A Pontenova, es decir ha habido un puente viejo, se llama así desde 1979. Antes era Vilaoudriz, nombre de origen suevo, y Vilameá.
Estamos en la frontera con Asturias. Transición entre las tierras mariñanas del Eo y lo que los lucenses llaman simplemente A Montaña, es decir, la alta montaña. Y ojo a tan sólo media hora del mar.
También por aquí dicen que pasa el camino Norte de Santiago.
Es el Valle del Eo, en su tramo alto. Dicen que uno de los mejores ríos para la práctica de la pesca, salmón, angula y trucha. Por eso se celebra aquí la Festa da troita, aunque cada vez que nos comemos una es una fiesta.
Seguimos parte del cauce del Eo por la ruta verde, hasta la frontera con San Tirso de Abres y nos adentramos en uno de los túneles que atravesaba el tren. En A Pontenova todas las épocas tiene su resto en pie.
Este es uno de los pocos municipios gallegos donde hubo pobladores antes de la edad de piedra.
Un paleontólogo de Rábade descubrió fósiles de animales marinos en Sudamérica de hace casi 500 millones de años que emigraron al Sur de Europa, y en concreto han aparecido aquí.
Este Dolmen de la Pedra da Arca ya casi resulta moderno.
Este castro celta de Croias guarda leyendas guerreras, y otras sobre arcas de oro, algo interesante estando en una tierra tan rica en minerales.
Siguiendo en el tiempo nos vamos a un santuario mariano. La Iglesia de Conforto, acabada en 1664 a las ordenes del arquitecto de Viveiro Diego Ibañez Pacheco, está sobre un lugar que rinde culto a una santa milagrosa, como atestiguan estos pañuelos que se mojan en la fuente curativa. En la sacristía está arca que necesita cuatro llaves guarda algunos tesoros, y donaciones, otros están en el contiguo Museo de Arte sacra. Las más de 300 piezas se dividen en cinco grupos: piezas de orfebrería, ropas litúrgicas interiores y exteriores, imaginería, pintura religiosa, y biblioteca con más de 200 ejemplares.
Yendo de un lugar a otro percibimos la concentración parcelaria de la que están orgullosos. Y aprendemos que estos hórreos son para trigo y maíz, y los cabazos sólo para maíz.
También podemos pasear por la fraga de Reigadas y la de Carballal con 500 hectáreas de roble, avellanos, arándanos, acevos.
Y encontramos en nuestro deambular escudos en varias casas, la muestra de que declinado el poder eclesiástico las tierras pasaron a manos nobles.
La magnífica casa de Vilaxe en Xudán abrirá en breve como casa de turismo rural.
Mientras tanto el Hotel San Briz de 2 estrellas, es la dignísima alternativa hostelera. Dos comedores, un salón social y habitaciones perfectamente equipadas son su oferta.
Tras tan glorioso pasado dicen ser el centro industrial y comercial de la zona. Sus principales argumentos son estas dos industrias, la de carrocetas IPV, y la fábrica Recense. La emigración hizo estragos en esta zona, y estos son los dos centros que ofrecen una mano de obra. En IPV también han pasado malos momentos aunque están ilusionados con varios encargos de organismo públicos. De esta carroceta excedente de la guerra de Abisinia a unas de gas natural comprimido que no contaminan ni hace ruído. De carros de bueyes modernos a exportar para Sudamérica.
En esta industria del hierro fabrican máquinas de cortar leña, aperos de labranza, cuchillos. Fieles a la tradición.


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