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El monasterio de San Salvador

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El monasterio de San Salvador es una creación personal y directa de San Rosendo.

La familia del santo recibió del rey Sancho Ordóñez de Galicia la villa de Vilar, cerca del río Sorga, en el valle del monte Leboreiro. Éste lugar le inspiró a San Rosendo la idea de construir un gran cenobio.

 
Cuando el sol aún no ha sido capaz de saltar la extensa planicie de A Limia , y la oscuridad cubre la fértil falda montañosa, las primeras luces comienzan a iluminar algunas de las legendarias 365 ventanas jamás contadas, que al parecer contiene el edificio. En el interior, el trascoro nos hace el primer anuncio de la grandiosidad de las tallas que vamos a encontrar en la iglesia, la más grandiosa muestra del arte barroco en Galicia.
El influjo herreriano se deja sentir en la decoración y el retablo Mayor justifica plenamente su concepto de orden monumental. Allí están las famosísimas miniaturas translúcidas de alabastro policromado. Las más pequeñas están incrustadas en las tablas de las basas y su ínfimo tamaño eclipsa los primores del arte oriental. Dos puertas simétricas dan entrada a las piezas de la sacristía. En el centro una famosa mesa de pórfido sobre un solo pie y en el interior de los armarios, casullas antiquísimas ricamente decoradas y una serie de reliquias tan interesantes como tétricas: el corazón momificado de San Rosendo y un trozo de lo que fue su quijada. Le acompañan la calavera de San Torcuato, el cráneo de San Esteban y en otro orden menos lúgubre, un sagrario y dos relicarios de carey.
En las enjutas de los muros hay seis cuadros de Gregorio Ferro , el pintor gallego que rivalizó con Goya. Representan a San Rosendo y a cada persona de su familia inmediata. Podemos subir ahora a contemplar el coro alto , una maravilla de talla gótica con fantasías tan famosas ya como la del gaiteiro o la del bufón.
Atravesando la sala capitular llegamos al archivo . Con una concepción estratégica que lo protegía del robo y del incendio, el cuerpo del archivo es una torre encajada sin otro acceso que un balcón de piedra. Su equivalencia actual sería la de cámara acorazada de banco. No menos merecía la enorme riqueza monumental que contenía trasladadas en su mayor parte al Archivo Histórico Nacional y que todavía hoy es una de las fuentes del Derecho Español.
Descendiendo la escalera abacial, iniciamos el recorrido del piso bajo del claustro Reglar , conocido generalmente como claustro barroco, aunque su planta baja es del último gótico. El claustro de Juan de Badajoz, es de nervaturas góticas, muy finas y elevadas. En el segundo tercio del XVIII, el monje arquitecto de Celanova, Fray Plácido Iglesias , construyó un piso alto encima de la obra de Badajoz. Sin utilizar contrafuertes, ni tocar los arcos logró levantar la obra más audaz y valiosa del románico en España. La molduración de los ventanales constituye un alarde de líneas y masa cuya fuerza supera a toda posible descripción.
Si seguimos en dirección este, nos encontraremos primero con el refectorio, y después con lo que fue la cocina. Arquitectónicamente fue famosa por su disposición arquitectónica igual a la de un templo de tres naves. Sus proporciones y su austero empaque sirven ahora como Centro de Servicios Sociales.
La escalera del Este nos lleva a los pisos altos. Desde aquí se pasa al segundo claustro, el del Poleiro . Se llama así porque la gran altura de su planta baja permitió dividirla horizontalmente en dos pisos de celdas. La superior es el Poleiro y para recorrerlo se hizo un balcón apoyado sobre ménsulas.
La escalera de la Portería desemboca en la galería alta del Norte del Claustro del Poleiro, y allí se encuentra la famosa biblioteca de Celanova . Tan majestuosa como interesante en contenidos. En ella se encuentran varios incunables. Complace imaginarse cómo sería cuando estaba llena de eruditos y copistas. La portería es quizás la obra más refinada en piedra del interior del monasterio. Sobre la sillería se extiende una doble cornisa decorada con gemas. Ya estamos en la fachada de la botica y con el recorrido casi finalizado. En la botica había piezas valiosísimas pero hoy no queda nada ella.


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