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ONS: LA ISLA DEL EDÉN

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Un paraíso que mereció la declaración de Parque Nacional

Este promontorio granítico presenta dos caras fuertemente diferenciadas. La de tierra, que mira a la ría de Pontevedra, presenta un perfil suave y rectilíneo, jalonado de playas de arenas blanquísimas. La del oeste, enfrentada al mar abierto, un perfil recortado con pequeñas calas, ensenadas, acantilados y cuevas marinas.

 
Dicen que las islas son rocas desprendidas de los acantilados, pero lo que creemos es que son un Edén. Según el diccionario paraíso terrenal, o también lugar ameno y agradable.
En la desembocadura de la ría de Pontevedra están las islas Ons con una costa extremadamente sinuosa y propicia para la formación de grutas. Embarcamos a primera hora en Cangas para llegar a la isla de Ons, cuando otros hace ya mucho que han madrugado.
Seis kilómetros de longitud por 1?5 de ancho, 442 hectáreas, impresionan desde el mar. Impresiona más la costa oeste totalmente acantilada, la que nos recibe, la este es tranquila, mansa y dócil.
Nos acompaña un enamorado de las Ons que ya no sabe pasar las vacaciones en otro lugar.
Tan sólo llegar el azul de Area dos Cans, que sólo conocíamos de los catálogos del Caribe.
Y después nos vamos a mojar los pies a la playa de Melide, al norte.18?39? La estampa allí es típica, barco varado, por cierto demasiado cerca, bandada de gaviotas, y azul y blanco.
La playa de Cova da Balea está aún en formación. Como esta playa al lado de Canexol, cuyas conchas distan aún de convertirse en fina y blanca arena. Que se puede decir contemplando esta playa de Canexol, nada que no diga ya ella. A la Punta de O Centolo no podemos acceder porque las gaviotas están criando. Advertidos de que en cuanto nos acercáramos nos atacarían, entramos levemente en su territorio. A la vista de sus gritos, de las sustancias nada amistosas que nos tiraban y con el recuerdo siempre presente de la película ?Los Pajaros? decidimos alejarnos lo más posibles de sus crías, y de su territorio. 11?31? o 26?09?
A continuación estaba el Alto do Cucorno, la máxima altitud en la que se sitúa el faro a 1119 metros.
Ya que estamos mostrando los lugares más escarpados os mostramos el Burato do Inferno, no todo son estampas bucólicas. Aquí el ruido que llega del mar en invierno recuerda al demonio. En estas duras piedras han muerto muchos.
El Mirador do Fedorento resulta tan bello como amenazador, y nos da una visión privilegiada de la virgen isla de Onza.
Onza está al sur de Ons entre ambas el estrecho Freu da Porta, del latín Fretus lengua o brazo de mar.
Hay varios pequeños islotes que también encontramos recorriendo el perímetro de la isla como As Freitosas, O Gaiteiro, O Xubenco. Todos ellos con su leyenda, a cada cual más espiritual.
Todo este patrimonio natural, pasiajístico e incluso etnográfico ha sido recuperado y puesto en valor con la creación del primer parque nacional gallego en 2002, el Parque Marítimo Terrestre das Illas Atlánticas. Por cierto, único en Europa al acoger una de las colonias de aves marinas más importantes, como el cuervo marino cristado y la gaviota patiamarilla, la madre protectora. Y también por el lagarto ocelado que no quiso visitarnos, el más grande de Europa.
También estas Islas forman parte de la Red Natura 2000 como complejo Ons-O Grove.
Por eso mismo duele tanto aún descubrir el chapapote que se agarra miserablemente a sus rocas que contuvo para que no fuese a parar a las rías. Durante tres años se va a estudiar la evolución de los efectos del derrame, además de un plan de seguimiento y monitorización de las zonas afectadas a diez años.
Ons posee también unas características socio-histórico-etnográficas interesantísimas. Primero por su arquitectura popular marinera, de casas alargadas, isleñas, muy bien orientadas. Como las que encontramos en el barrio de Pereiró el que dicen que fue el origen.
Por su Gastronomía en la que el plato isleño es el pulpo en caldeirada. Y desde luego por sus habitantes, gente muy especial, dura, recia, y aislada, y entre ellos todos familiares.
Los isleños tiran a la isla, no quieren residir en el Continente, como dicen ellos y tienen derecho a pescar en este cristalino mar mientras sea con artes tradicionales. Hay seis familias que residen todo el año, y en el verano llegan miles de personas al día.
Y eso que no abunda el agua potable, y la electricidad tiene restricciones, sólo hay 8 horas al día. Eso sí, todo gratis.
Ya desde la Edad del bronce está habitada, la primera referencia histórica es del año 899 cuando fue donada al cabildo compostelano.
En el siglo XVI la familia Montenegro era la dueña de la isla pero huyeron por las incursiones de piratas turcos y norteños.
En 1810 se dividió entre quienes quisieran trabajarla pagando un canon. Llegó a cultivarse trigo, centeno, patatas, hasta azafrán. El marqués de Valladares instaló una fábrica de salazón, pero fue vendida por 250.000 pesetas a Manuel Riobó. Otra industria de secado y comercialización fue creada, en torno al gran manjar el pulpo. Pero en 1936 el entonces dueño Didio Riobó acabó suicidándose por la persecución política que sufría.
La propiedad de la isla fue pasando de unas manos a otras hasta el año 1984 que fue transferida a la Xunta.
Los isleños en los 70 emigraron al Morrazo. Hasta entonces el hecho de vivir aislados nunca supuso un problema porque tenían sus recursos.
Ahora hay un problema sin resolver, ¿de quien es la propiedad de las casas? Pero los turistas que no quieren saber de preocupaciones sólo han de saber que hay habitaciones, restaurantes, y acampada regulada, con un límite de 7 días. Del 1 de julio al 30 de septiembre.
Nosotros que no somos ni turistas ni isleños ya no nos queremos volver al Continente. No nos apetece nada.


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