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CORCUBIÓN

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La ensenada de las buenas aguas

La villa se extiende en semicírculo frente a la ría, configurando un pintoresco arco que parece estar a punto de lanzar al aire los jardines, rellenos, plazas, paseos, casas blasonadas y alegres galerías que conforman este hermoso enclave marinero.

 
Es la ensenada de las buenas aguas, según los navegantes vascos que la bautizaron. Y así la continuamos viendo.
Desde Ézaro, donde el Xallas besa al mar el camino nos conduce hacia la calma, hacia aguas más tranquilas. Y tras pasar el cabo de Cee ya divisamos la villa de Corcubión como un pequeño anfiteatro desde el que contemplar el espectáculo del mar. Una vista que nos seduce y nos invita a conocer esta coqueta bahía del fin del mundo.
Sus poco más de siete kilómetros cuadrados de extensión concentran toda la belleza de los pueblos marineros y la nobleza de las villas señoriales. Es el municipio más pequeño, con las galerías más grandes.
Esta villa fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1984, ya sólo por eso merece una visita por sus calles empedradas, llenas de arcos y de escudos Corcubión es también paso del bello medieval camino de Fisterra Muxía. Por eso encontramos por sus calles diversos símbolos de la tradición jacobea.
Las construcciones reflejan un pasado señorial, de bonanza y auge económico, que le dio ser la cabeza del poder judicial de la comarca. Lo vemos por ejemplo en la casa de los condes de Altamira del siglo XV.
También en gran parte este auge se debía a la actividad del puerto, que llegó a ser el más importante de la zona. Hoy aquí se sigue concentrando buena parte de la economía de sus habitantes.
Una vez aquí, respirando el olor a salitre, abandonamos el centro. El mar aquí no es bravo, como lo imaginábamos, las Islas Loberías frenan las olas. Por eso la playa de Quenxe es tan tranquila, este interior de la ría calma la bravura de la Costa da Morte. Esta es la playa urbana, la más concurrida, porque cuenta con todos los servicios. Incluso se realizan cursos de vela para principiantes durante la época estival.
Una última vista a la villa nos grabará en la retina la bella imagen de este rincón del Finis Terrae.


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