Mapa de recursos


COSTA DE CAMARIÑAS

Añadir a digg | Añadir a technorati | Añadir a wikio | Chuza esta nova | Añadir a Menéame | Añadir a Del.icio.us | Añadir a Yahoo | Añadir a tuenti | Añadir a fresqui | Añadir a facebook | Añadir a newsvine | Añadir a stumbleUpon | Añadir a spurl | Añadir a blinklist



 

La salvaje y enigmática belleza de la costa de Camariñas

Camariñas, uno de los más bellos tramos costeros y sin duda el más peligroso de las costas gallegas. Una sucesión de arenales y acantilados de rocas de donde se extraen los percebes. El Cabo Vilán, con sus alrededores, constituye un espacio natural de gran valor por la espectacularidad de su paisaje.

 
La andadura al epicentro de la Costa de la Muerte enriquece el más exigente recordatorio de sensaciones marineras.
Sensaciones que sin duda se han adaptado a los nuevos tiempos. De hecho una de las industrias pesqueras con más futuro son las piscifactorías. Dicen que esta de Camariñas, al pie de cabo Vilano, es una de las más importantes del mundo. Más de un millón y medio de rodaballos crecen en los tanques eso que a penas, hace un año que funciona el centro y todavía no está a pleno rendimiento.
La ruta empieza y finaliza en playas recomendadas para el baño. Espiñeirido, la de Muíños o la del Lago son las que nos encontramos antes de cruzar esta hermosa Ría. La más solicitada es esta última por su incondicional laguna que sirve de diversión para los más pequeños.
Nuestra mirada nos conduce hacia Camariñas, villa de contrastes que creció en torno a su pintoresco puerto de un modo estrictamente fortuito.
Son villas que han nacido a la sombra de los acantilados. Costa atormentada, de una peligrosidad hipnótica tal, que sugiere la efigie imponente del cabo Vilán. El cabo mira sin paliativos al durísimo noroeste.
Primero la tragedia, después poner los medios para evitarla. De no ser por el naufragio del buque escuela inglés, The Serpent, Vilano difícilmente hubiera sido el primer faro español en ser electrificado.
En un punto intermedio entre esos 17 kilómetros de pista que separan El Cabo de Arou, a la altura de Cabo Tosto, en un desolado paraje despuntan unos sencillos muros y una corona, escaso tributo para una desgracia de semejante calibre.
A propósito de este tramo, es el segmento de costa más indómito y excelso comprendido entre el norte de Portugal y Francia. Dicen que es un lugar para escapar de nosotros mismos, quizás para no volver y soñar con esa primera impresión que nos brindan escondites abiertos como la ensenada do Trece, una playa de corte agreste, con olas que braman y una resaca furiosa.
Este épico litoral nos guarda más sorpresas, quedan pocas villas como estas, con la personalidad y el carácter pescador, y ello pese a tratarse de una vocación tardía.
Siguiendo la dibujada línea de la costa llegamos a Arou y después a Camelle. Aquí la Costa de la Muerte guarda la atracción de lo misterioso. El Museo de Manfred, el Robinson fallecido hace tres años que puso él sólo a la pequeña villa en los mapas turísticos. Eso sí con ayuda, dicen de los más sonados percebeiros junto con los de Corme.
Se nos aproxima ahora una oleada de magníficas playas la de Traba y la de Soesto son por excelencia las más visitadas, de gran presencia y respetuosas se encargan de la definición de playa con mayúsculas.
El registro cambia radicalmente a la altura de Traba, le llaman el imperio de arena blanca, un paraíso rodeado de un tren de dunas y escoltada por esta hermosa laguna de agua dulce y salada de gran riqueza natural y que según la leyenda, esconde bajo sus aguas la ciudad de Valverde.
Creencias que se repiten a lo largo de la historia gallega y que guardan el mismo encanto que una buena puesta de sol en la playa, como esta que hoy nos despide en la villa marinera de Laxe.


Comparte esta página o añade un comentario en tu Facebook



Última actividad en Facebook