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La Ría de Ares

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Ares es villa veraniega por excelencia y también ría de gran tradición marinera.

Ares ofrece hermosas playas, reconocidos monumentos y pueblos pintorescos. Es de visita obligada la preciosa villa de Redes donde se puede observar uno de los conjuntos de arquitectura popular marinera mejor conservados de la costa gallega.

 
Estamos en el seno de los ártabros, pueblo de raza celta que habitó estas tierras. En las laderas de este monte, el Montefaro, se encuentra la villa de Ares. Dicen que en este monte existió un templo de adoración al sol, y no lo dudamos por que la situación es verdaderamente privilegiada.
El Eume provoca la formación de la ría de Ares en un bellísimo estuario, mientras sus tranquilas aguas se vuelven bravas al contacto con el océano.
Punta Coitelada marca el límite donde el mar se bifurca en dos rías, la de Ares y Betanzos.
Cuenta la leyenda que por estas olas de Ares nadaba una sirena. Quizás las escamas de su cola otorgaron este brillo plateado a sus aguas.
La playa de Cabanas marca el inicio de un recorrido en amarillo y azul, porque esta costa está salpicada de bellos arenales cada vez más visitados por los turistas. Seselle, significa un kilómetro de fina arena donde probar tranquilamente las aguas de esta ría plateada.
La más familiar es El Raso, quizás porque el camping a pie de playa nos suena a las vacaciones en familia.
Situada casi en la entrada de la ría de Ferrol está la de Chanteiro, una playa dorada y agitada por el suave viento que alivia los calores del verano.
Después de conocer la costa la curiosidad nos lleva hacia la zona urbana. La villa de Ares tiene una arquitectura casi de cuento. Sus calles se adornan con balcones coloridos típicamente marineros.
El ambiente parece tranquilo pero este municipio se ha ganado en la zona la fama de fiestero. Y por lo menos una vez al año hacen gala de ello. Durante el Corpus se produce una auténtica explosión de color. Las alfombras de flores cubren el asfalto. Todos los vecinos se implican en esta tradición de claveles, hortensias y mirto.
Nos acercamos hasta el concurrido paseo marítimo, que tanto sirve para una caminata matutina, como para una vuelta en bici o un aperitivo en una terraza. Aunque cuando el sol aprieta lo mejor es un baño en las tranquilas aguas de la Playa Grande, el arenal urbano. Tiene forma de concha, es amplia, cómoda y entretenida. Se pueden realizar todo tipo de actividades, desde un partido, hasta deportes náuticos o buscar algún fruto de mar.
No podemos abandonar esta ría sin una visita a Redes. Un pueblo de postal, con fachadas multicolores que vigilan los movimientos de las olas. Las casas conservan los embarcaderos, aunque los barcos son en su mayoría de recreo.
Nos despedimos ya de la Ría de Ares, de su costa bicolor, de sus gentes, flores, balcones, pero nos queda grabado en la retina el color brillante de esta ría de plata.


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