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LA COSTA DE FERROL

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El indómito océano con la pacífica ría.

Suave y escarpada a partes iguales, la costa de Ferrol combina sabiamente agrestes acantilados con inmensas playas. Lejos de toda civilización, desde sus altos peñascos, todo lo controla Cabo Prior. Vigilante solitario, sus dominios alcanzan hasta donde llega la vista. Su faro es todo un símbolo de esta costa y un desafío al bravo Atlántico.

 
De siempre Ferrol ha estado marcada por su condición marítima, es la ciudad del mar que navegaron los Ártabros y las aguas por las que quisieron invadirla los ingleses. Es la ría que le proporciona un excelente marisco.
Y la que de algún modo le ha dado la vida. Pues su marcado carácter militar e industrial ha definido el estilo de vida de toda la comarca, un estilo que se sigue manteniendo pese a la nueva crisis que está sufriendo el sector naval.
Pero Ferrol también es costa, y costa bonita, de ésas que reivindican el derecho a ser navegadas, a poco de que parezca una locura.
Abandonamos la seguridad de la ría demandando la morosidad de los espacios más envolventes. Primero nos acercaremos a la villa de Mugardos, villa marinera, como las que quedan pocas y además es puerto del más sabroso pulpo.
El último adiós a Ferrol se lo daremos entre castillos, el de San Felipe y el de La Palma, dos de las tres fortificaciones existentes inicialmente, un incomparable vergel entre castillos que nos recuerda el papel defensivo que desarrolló durante mucho tiempo esta ría.
Hoy las embarcaciones pasan sin más dificultad que la natural, simplemente deben salvar el paso estrecho que la caracteriza.
Las obras del futuro Puerto Exterior de Ferrol, y en frente Punta Segaño, antiguo baluarte defensivo, nos indican que estamos ya en pleno océano. A mar abierto, este es un punto que marca el límite entre las rías de Ares - Ferrol.
Transformado por las obras del puerto exterior, Prioriño chico, en punta Caneliñas, es el último que se dibuja sobre la boca de la ría. Que los cabos son observatorios inmejorables de la costa lo acreditamos en nuestras próximas paradas donde tan solo con la vista desafiamos las bravas cometidas del oleaje. Arenales espectaculares y dignas lenguas de roca dura ornamentan la línea quebrada de esta costa. Una línea que se suaviza a su llegada a la playa de Doniños y a Punta Penencia, como denominan en Ferrol a la parte occidental de este enclave. Cualquier esquina vale para extender la toalla. Y para pasear lo ideal es el entorno de la laguna defendida por grandes cordones dunares. Cuna de numerosas aves y antiguamente de la ciudad que dicen permanece sumergida por un castigo divino. Antes de llegar a la playa de San Xurxo, la costa, desde su final imaginario, se asoma ante las islas Gabeiras. Estos islotes son punto de nidificación y un rico caladero de pesca litoral. Además de tener historia, pues el mito dice que las islas estaban unidas a la costa al. Poblado asentado en lo que hoy conocemos como el castro de Lobadiz. Hay muchas playas pero realmente es la de San Xurxo la espectacular, lo cierto es que para sus bañistas solo es comparable a la impresión que causa su excepcional calidad paisajística. Postales que en esta zona se intensifican en Cabo Prior a 100 metros de altura sobre el mar, donde por ahora les dejamos al abrigo del Océano.


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