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El Condado de Salvaterra do Miño

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Uno de los municipios más atractivos de nuestra ruta

Población fronteriza con Portugal ofrece desde el Mirador del Monte Castelo, en la parroquia de Pesqueiras, una de las mejores panorámicas que abarca las parroquias de Salvaterra que rodean el Tea, el pueblo portugués de Monçao y las riberas españolas y portuguesas del Miño.

 
Salvaterra se apellida de Miño porque se mira en el gran río de Galicia desde hace cientos de años.
Salvaterra da nombre a la comarca, ya que fue Condado, porque así lo quiso Felipe II cuando concedió el título a Diego Sarmiento de Soutomaior.
Es el Miño el que endulza su historia y el que atestigua una fértil actividad humana sobre estas tierras.
Por aquí pasó una importante calzada romana de la que es testigo el puente de Fillaboa sobre el río Tea.
Dentro del recinto que algún día estuvo amurallado se encuentra la iglesia de San Lorenzo. Y en lo que fue el propio castillo se conserva la capilla de la Virgen de la Oliva, muy venerada incluso por las gentes del país vecino.
En Corzanes funcionó un tribunal de la Inquisición en la palaciega residencia de Petán y aunque sea historia, de lo que es recuerdo afortunadamente solo queda estas pequeñas muestras.
También la capilla de Avalle hace eco de intrigas de las pasadas durante las Guerras Carlistas.
Y si fértil fue hasta aquí la historia de Salvaterra no menos lo ha sido en tiempos posteriores como atestigua la grandeza y la elegancia que aún hoy lucen sus casas nobiliarias. Grandes obras arquitectónicas que en la actualidad no han pasado desapercibidas para un sector que, a orillas del Miño es sin duda el que más crece.
Pazos como el de Fillaboa, el de San Mauro o la Casa de las Barreiras han renacido como sello de los grandes vinos del Condado. En todo el municipio se dedican cientos de hectáreas al cultivo y al cuidado las miles de cepas que darán jugo y sabor a ese sabroso caldo de fruta.
De hecho se ha logrado que los denominados Condado y Albariño merezcan hoy la aprobación de los expertos catadores.
Es por eso que, el carácter que aporta el vino al municipio y el atractivo cultural que puede suponer para un pueblo, hacen que muy pronto Salvaterra cuente con un Museo del Vino del Condado que se instalará en una parte de la antigua Fortaleza. Y que mejor ubicación que lo más representativo de este territorio. Pues no podemos olvidar que el relevante protagonismo histórico de Salvaterra llegó en la Edad Media por hallarse en disputa continua entre Portugal y Castilla. El protagonismo mayor lo alcanzaría con la Reina Doña Urraca que lo usó como residencia, pudiéndose observar todavía hoy las bóvedas que cobijaban sus aposentos y que alimentan también la leyenda del túnel que unía los dos lados del Miño.
Las relaciones de vecindad entre una otra orilla fueron unas veces tensas y otras más relajadas, pero siempre inevitables. Salvaterra acá y Monçao allá son como ya hemos visto, dos vecinas unidas. Ni el padre Miño, ni las rivalidades evitaron los lazos sanguíneos ni las relaciones comerciales. Y más desde que existe el puente internacional, que ha abierto numerosas puertas al desarrollo conjunto de la comarca del Condado, y ha posibilitado que más gente se acerque a disfrutar de Salvaterra. Porque atractivos no le faltan: una cuidada alameda que tiene de todo, instalaciones deportivas y veraniegas para todos.
Y como no, un río padre de ambas orillas que forzosamente están llamadas a entenderse.


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