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Sober, en la Ribeira del Sil

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Uno de los más impresionantes espacios naturales de Galicia.

Son muchos los parajes, todos ellos de gran belleza, que se pueden visitar en el término municipal. Los Cañones del Sil, Espacio Natural Protegido, se pueden disfrutar desde los numerosos miradores destinados a tal efecto que hay en el municipio. Posee además una riqueza patrimonial inmensa tanto en arquitectura religiosa como civil.

 
Sober es un municipio acogedor que alza orgulloso el estandarte de la Ribeira Sacra Lucense. Su historia está marcada sobre todo por su situación de encrucijada de caminos hacia las vecinas tierras de Ourense. Pero hoy su prioridad es favorecer la calidad de vida de sus más de tres mil habitantes.
Hace cientos de años los romanos descubrieron el encanto de estas tierras. Dijeron de ellas que debían ser amadas y en la actualidad siguen siendo un lugar que merece la pena conocer.
Sober cuenta con el reclamo de una de las más antiguas casas de turismo rural de Galicia. Fue construida en el año 1511 por la familia Díaz Varela y desde hace diez años aloja a visitantes de todo el mundo. La Casa Grande de Rosende se conoce también como Casa de las señoritas.
La edificación inicial fue ampliada a finales del siglo dieciocho. De esa época son los frescos de Juan Bernardo de Castinandi. Sus actuales propietarios la adquirieron hace veinticinco años y la sometieron a una profunda restauración. Es de destacar la conservación de elementos antiguos y, sobre todo, el respeto por el espíritu del edificio.
La arquitectura religiosa es otro de los atractivos de Sober. Y es que el románico ha dejado huellas imborrables. La iglesia de Santa María de Proendos se levanta sobre el primitivo templo del siglo doce. Su planta es rectangular, al igual que el ábside, y en la capilla mayor conserva interesantes pinturas murales. Estos espléndidos frescos han sido datados en el siglo dieciséis. Representan la Adoración de los Reyes y de los pastores, la huida a Egipto, San Blas y la Visitación.
Nos acercamos también a San Xulián de Lobios. Esta iglesia es un interesante ejemplar del románico rural. Fue construida en el siglo XIII y se distinguen ya notas de transición al gótico.
Nuestra ruta por el románico nos lleva por último a San Vicente de Pinol. Data del siglo doce y la fachada presenta una puerta con arco de medio punto. Pero lo más llamativo es el rosetón que se abre en el frontis. Se trata de una estrella de David, el símbolo judío por antonomasia. Ya en el interior intuimos bajo el encalado gran número de pinturas murales. Se cree que pueden cubrir casi toda la iglesia y se calcula que son del siglo XVI.
La Ribeira Sacradebe gran parte de su personalidad a sus vinos. Caldos que aquí en Sober llevan el nombre de Amandi y que podemos probar en una de sus 39 bodegas. Por ejemplo, Adega Algueira, que lleva 24 años trabajando para sacar al mercado el mejor vino, procedente del mejor solar. Este año la producción se ha aproximado a las cuarenta mil botellas, la mayor parte de ellas de exquisito mencía.
Una visita a Sober exige también una ruta por sus siete miradores sobre el Sil. El de Cadeiras es uno de los más impresionantes. Desde él se contempla el cañón en su parte más estrecha. Enfrente podemos ver además los famosos balcones de Madrid. En algunos puntos la verticalidad se aproxima al noventa y cinco por ciento. Cadeiras cuenta también con un famoso santuario y lugar de peregrinación. Está dedicado a la virgen y fue construido en el siglo dieciocho en piedra granítica y sillería bien labrada. Sin duda, lo que más llama la atención es su única torre. La que debería acompañarla no llegó a alzarse por problemas económicos. Hasta aquí se acercan cada año miles de personas debido a los milagros que la tradición atribuye a la Virgen.
Nos dirigimos ahora a Pena do Castelo. Este mirador ofrece una perspectiva distinta del río. Desde lo alto se dominan todos los viñedos de la parroquia de Doade. Se ve incluso el balcón de Soutochao.
Finalmente nos acercamos hasta Santiorxo para embelesarnos con los parajes que moldea el Sil. El río se desliza con parsimonia, reflejando los rayos de sol y alimentando las tierras que recorre. A ambos lados, inmensas paredes de roca lo protegen de los extraños.
Para familiarizarnos con él decidimos descender hasta el agua. En el embarcadero de Doade encontramos los catamaranes que surcan el río. Guardianes de una riqueza natural que cada año descubren miles de personas. Y que a nosotros ya nos ha hechizado.


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