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Quiroga, Puerta de O Courel

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Una puerta excepcional para penetrar en los secretos de la gran montaña de Galicia.

El municipio de Quiroga, cuna de excelentes vinos, combina un fértil valle, bañado por el río Sil, con el paisaje de montaña de la Serra do Courel. No le faltan alicientes turísticos tanto en lo que se refiere a patrimonio cultural como a los espacios naturales.

 
Las rutas del Sil nos han mostrado la esencia de este río que esculpe hermosos parajes y regala vida. Su pausado ritmo se cruza con el del tren, que devora kilómetros impaciente hasta reposar en San Clodio, estación que nos abre las puertas de Quiroga.
La naturaleza se muestra aquí generosa con nuestros sentidos. Las altas cumbres del Courel ofrecen su cara más tentadora. Nos sugieren un recorrido que tan sólo aplazamos mientras conocemos esta villa que tiene mucho que ofrecer.
Los romanos convirtieron Galicia en su casa de la moneda particular. Las corrientes del Sil arrastraban oro para abastecer un imperio. El túnel de Montefurado servía para desviar el curso del río y recoger más fácilmente las pepitas de oro. Casi dos mil años después está considerado una de las siete maravillas gallegas. Aún sorprende cómo pudieron abrir esta inmensa grieta de cuatrocientos metros de largo. Sin duda, ya en tiempos de Trajano el oro movía montañas. El presente de Quiroga ya no pasa por robarle pepitas al Sil pero mantiene otras tradiciones que quizás cruzaron más que palabras con los romanos. La elaboración artesanal del aceite es tan antigua que nadie recuerda quién empezó. Hoy pervive gracias a la familia Nogueira y a su empeño romántico.
Cada cierto tiempo se rememora la molienda tradicional, tirada por borrico y dura hasta la extenuación. El resultado es un líquido espeso y preciado que dicen tiene propiedades curativas. Recordando viejos oficios nos acercamos también a una casa de turismo rural con mucha historia. La Ferrería de Rugando fue fundada en el siglo dieciséis por los monjes del monasterio de Samos. Está ubicada junto al río Soldón, en un estrecho valle encajado entre montañas. Un lugar idóneo para dejar atrás las preocupaciones cotidianas y disfrutar del contacto con la naturaleza.
Quiroga es un ayuntamiento extenso donde cada parroquia esconde alguna sorpresa. El Castillo de Torrenovaes se alza en una cresta rocosa inexpugnable por dos de sus frentes, los que miran al Sil y a occidente. En pie se mantienen los restos de la residencia de Comendadores Sanjuanistas. La fachada todavía luce una piedra con la Cruz de Malta, símbolo de la Orden de San Juan de Jerusalén. Hoy en día su propiedad es pública y el entorno está siendo recuperado.
San Miguel de Montefurado muestra al visitante su espectacular iglesia parroquial. Un edificio que sobresale por sus grandes proporciones y elegancia arquitectónica. El retablo mayor es rococó, de tres huecos en el piso principal y uno en el remate. Los otros dos son de estilo neoclásico y fueron pintados a comienzos del siglo diecinueve.
Quiroga mira al pasado porque es consciente de las riquezas que ha heredado. Pero también se esfuerza cada día por convertirse en un moderno centro administrativo con todo tipo de servicios. Los mayores nos reclaman también su minuto de gloria y les complacemos con gusto. Al fin y al cabo son ellos los que han luchado para que Quiroga sea lo que es hoy. Abriendo paso a las nuevas generaciones para que gocen de unas condiciones de vida cada vez mejores.
Este es su momento, el de disfrutar de todo su tiempo.


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