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Salceda de Caselas

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Salceda despierta nuestro interés por sus espacios naturales y su gran patrimonio.

Ha sido cuna de señoríos como queda reflejado en los numerosos pazos y casas señoriales que salpican el territorio municipal. La industria del granito ha dado a conocer la comarca en todo el mundo y ciudades como Nueva York, Tokio, París o Londres emplean el granito gallego en sus edificios mas emblemáticos.

 
La belleza y armonía del paisaje de Salceda de Caselas es innegable. Pero el equilibrio y la tranquilidad se ven alterados ante unas desgarradas montañas. Inesperadamente nos conmueven las enormes heridas que se abren en sus faldas, sus quejidos y temblores. En el interior un desafío, una aventura y una forma de vida.
La riqueza que guardan estas tierras queda plasmada en la cantidad de piedra que se extrae de ellas. Estas explotaciones forman el tejido industrial del área entre Salceda y Porriño, (donde se encuentra la mayor concentración de piedras ornamentales. Su exportación ha dado a conocer la comarca en todo el mundo. Desde Nueva York hasta Tokio utilizan el granito gallego en sus edificaciones más emblemáticas.
A este negocio se debe en gran parte el crecimiento que ha experimentado este ayuntamiento en los últimos años. La mejora en las comunicaciones y la expansión inmobiliaria ha modificado sustancialmente el paisaje urbano. El municipio ha visto aumentada su población, en gran parte por la movilidad de habitantes de otros núcleos cercanos que han escogido Salceda como una forma de mejorar su calidad de vida.
Los primeros datos de este municipio lo sitúan en el año 914, en el monasterio de Santa María de Saliceta, de donde proviene su nombre. Aquí se levanta actualmente la iglesia parroquial, del siglo XVIII.
La historia se respira en cada rincón del municipio. Como la que rodea a la ermita de la Ascensión del año 1698, flanqueada por cuatro inmensos alcornoques que la protegen. Aquí, durante la guerra de la independencia, se asentaron las tropas gallegas en defensa de España, con la intención de reconquistar desde este punto la ciudad de Tui.
De Salceda se dice que es tierra de pazos, que tiene uno en cada parroquia. Como el de Pegullal, con un gran escudo de armas en la entrada, o el de Picoña, considerado uno de los más hermosos de Galicia.
Es también tierra de caminos, de cruces y de cruceiros. Prueba de ello es esta interesante muestra de estilo barroco, situado en la parroquia de Entenza. O éste de Arrotea, en Picoña, al que la devoción de los fieles acompañó de un curioso peto de ánimas. Ésta devoción fue también la causante de la construcción en 1859 del peto de ánimas de San Xurxo de Vendanova, promovido por un emigrante gallego en Brasil.
El monte de san Cibrán resguarda y protege estas tierras. Desde su alto casi podemos diferenciar las siete parroquias que forman la comarca. De camino hacia la cima comprendemos perfectamente la tradición de canteiros de Salceda. La piedras que lo forman son casi un desafío a la gravedad. Su descomunal tamaño y sus variadas formas crean un singular paisaje. Quizás fue aquí donde surgió la necesidad o la curiosidad por explorar, por descubrir qué tesoro guardaban estas tierras de Salceda en su interior.


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