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Tui, la Ciudad de Piedra

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Antigua capital del Reino de Galicia y todavía importante arzobispado es una de las villas más antiguas de Galicia.

Tui está plagada de interesantes monumentos como la Catedral, la capilla de San Telmo, el convento de San Francisco, el convento de las Encerradas y la Iglesia de Santo Domingo. Por las angostas calles de su casco histórico bajamos hasta el río para disfrutar de bellos paseos junto al puerto fluvial.

 
Si todos los caminos conducen a Compostela, Tui es punto de encuentro y cruce de caminos. Las Rutas portuguesas más importantes llegan a Tui y todos los peregrinos procedentes del país vecino hacen eco de la que fue Capital del Reino de Galicia.
Fue fundada por Diómedes, rey de Etolia e Hijo de Tydeo, en honor del cual bautizó la ciudad. Cara a cara con la hermana Portugal, con la que formamos parte de la europea Región del Atlántico, Tui ha sido un lugar de gran actividad y afortunadamente conserva un rico muestrario de obras de arte, así como un acogedor barrio antiguo en cuyo corazón está la Catedral. El primer o último bloque, según como se mire, de esta gran colina de piedra.
Tui sufrió numerosas invasiones árabes, normandas... pero finalmente fue Doña Urraca quien la restauró en 1071 concediéndole de paso el título de señorío.
La Catedral es el gran colofón tudense, o la guinda del pastel para los más golosos.
Data de la primera mitad del S.XII, siendo erigida en el mismo lugar que ocupó la primitiva sueva. El aspecto es de fortaleza medieval, almenas, torres y una preciosa portada es lo primero que destaca. Es un magnífico ejemplo de conjunción de arte románico y gótico inicial. En el interior, en el que se pone de manifiesto su planta de cruz latina, podemos distinguir perfectamente los dos estilos. Llama la atención el apuntalamiento general de la catedral compuesta por tirantes que van desde el SXV hasta 1715 y también es curiosa la inclinación de pilares y arcos, particularmente en la nave sur.
También en la nave mayor se conservan dos grandiosas cajas de órganos barrocas, unas de las mejores de Galicia, felizmente restauradas en recientes fechas.
Debemos hacer un alto en el claustro de la Catedral. Estructuralmente es del SXIII y está considerado como único medieval que se conserva completo.
Y si San Telmo preside parte de la catedral, este patrón de los navegantes, tiene también su propia capilla en esta colina. Se dice que esta iglesia se construyó en la habitación donde murió el Santo. Es de estilo barroco portugués y con el diseño acomodado a las condiciones irregulares del terreno, guarda también espléndido parecido con las iglesias del país vecino, más airosas y alegres.
La capilla de la Misericordia se encuentra a medio camino entre la Catedral y San Telmo. Del siglo XVI es una de las más relevantes de la Semana Santa de Tui y se construyó con el fin de socorrer a los necesitados y darles sepultura.
Nos acercamos a otra joya. El convento de San Francisco. Asentado en la zona de extramuros, fuera del núcleo monumental, su emplazamiento le otorgaba ese aislamiento que necesita la espiritualidad.
La iglesia y el convento se inician en el s. XVII y son de estilo barroco. Actualmente, con esta arquitectura serena y de porte noble, está destinado a Seminario Menor y la iglesia funciona como parroquia desde 1908.
El convento de las Clarisas o de las Encerradas es otra muestra del arte tudense de la espiritualidad y de la historia que aquí de esconde. Se construyó sobre los antiguos palacios episcopales de la Oliveira entre los SXVII y XVIII. La iglesia, de finales del XVIII, corresponde a patrones clasicistas y se integra con el conjunto conventual que destaca por sus grandes proporciones y solidez constructiva.
Nuestro paseo por esta colina de piedra continua hacia los bordes del Miño. A orillas del río, el lugar conocido como el Rastrillo, se construyó este monasterio en el año 1330. Se trata de la iglesia de Santo Domingo. De estilo gótico, de una sola nave, crucero con tres ábsides y bóvedas de abanico propias de este estilo.
Detrás de esta obra dominica daremos largos y relajantes paseos por la alameda, la que antiguamente fue la huerta del propio templo.
Además de pasear, disfrutaremos de sus dotes de mirador, pues desde aquí tendremos las mejores panorámicas del vecino Portugal, del Padre Miño, Del viejo puente de hierro de Eiffel y del embarcadero, al que antiguamente llegaban los peregrinos. Y es que pasear en Tui es un placer.
A cada paso en este antiguo recinto amurallado nace una estrella, angostas y empinadas calles, iglesias, casas blasonadas y monumentos que parten de la zona más alta de la villa y bajan hasta el río Miño donde, a parte de un placer, es un lujo pasear.


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