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Redondela, Villa de los Viaductos

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Dos de los más hermosos viaductos de Galicia vuelan sobre su casco urbano.

Muchos viajeros del ferrocarril no pudieron sustraerse al encanto de Redondela desde el aire: Otero Pedraio, el doctor portugués José Fialho de Almeida, la aventurera británica Annette Meakin, la antropóloga estadounidense Ruth Matilda Andersen. Todos ellos llegaron a la villa por los caminos de hierro que cruzan su techo.

 
Estamos en Redondela. Un pueblo encajado justo al final de la Ría de Vigo. Se la conoce también como la villa de los viaductos.
Y es el traqueteo de los trenes que la sobrevuelan el que le confiere un aire de nostálgico romanticismo
. Aquí, las formas, tanto las gestadas por la naturaleza como las trazadas por el hombre, han sido caprichosas. Pero Redondela puede alardear además de ser una de las poblaciones más antiguas de la provincia pontevedresa. Al menos así lo atestiguan su tipología urbanística y su rico patrimonio. Y es que sus calles, plazas, pazos... o mismo las iglesias como la de Cedeira, obra de Casas Novoa, el artífice de la fachada de la catedral del Obradoiro, animan al más grato paseo. Paseo en el que sin duda no dejaremos de visitar la Casa de la Torre, que como ya hemos visto, acoge el albergue de peregrinos.
Pero la Redondela que conocen sus amantes tiene aspectos bien concretados en los destacable, en lo exótico. El puerto, la playa de Cesantes, la isla de San Simón... Ojalá se pudiese expresar su belleza con palabras pero resulta imposible.
Sus aguas tranquilas acogen pequeños puertos de pescadores artesanales como este. Es el reino del choco, que como ya les mostraremos es el plato estrella de la gastronomía redondelana. Además, frente a sus arenales, se extienden los ricos bancos marisqueros.
Nuestra visión es privilegiada, desde aquí se puede disfrutar de una vista general de este gran rincón, con la ensenada de San Simón en primer plano, el puente de Rande a media distancia y el final de la ría al fondo.
Y vistas como estas se pueden tener en cualquier atardecer del año, cuando ver una puesta de sol desde la playa es una de las más bellas escenas.
Pero la villa de los viaductos es la señal de identidad más conocida de Redondela y, por lo tanto, la estampa más reconocida y más pintoresca.
El tren forma parte de la villa, está ligado profundamente a su perfil urbano y a su paisaje desde cualquier punto.
Dos magníficos puente de hierro le han valido el sobrenombre de Villa de los Viaductos. Sin ninguna duda, el tren fue la auténtica revolución para Redondela. Fue un dinamizador económico para su población que hoy ya ronda los 30.000 habitantes.
Estas dos grandes estructuras de hierro coronan el techo de la villa ofreciendo una perspectiva diferente.
El primero se conoce como el de Madrid. fue construido en 1870 y su arquitectura convina elementos de la vanguardia con lo signos más tradicionales. La compañía que lo construyó no llegó a cobrarlo y su autor, Pedro Floriani, intento suicidarse desde el propio puente porque le dijeron que no entraría en funcionamiento por falta de seguridad. Pero inválido, sobrevivió para ver el tren sobre los raíles redondelanos y 135 años después, los 2 millones de kilos de hierro continúan dando abrigo a la villa.
Siguiendo los modelos popularizados por Eiffel, a finales del s.XIX, en 1881 se construyó otro viaducto que sobrevolará también Redondela. Es el de Pontevedra que hoy continua en activo por necesidades comunicativas y por supuesto para que los viajeros sigan soñando a su paso por Redondela.


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