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LA INDUSTRIA PESQUERA

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Es el Berbés el primer puerto pesquero de Europa.

Este puerto tiene la responsabilidad de ser el primero de Europa y una de las lonjas de pescado más activas y modernas del mundo. Los números hablan por sí solos: 384 buques con 6.600 tripulantes manejan las 650.000 toneladas de pescado fresco y congelado que llegan a lo largo del año.

 
No alumbran todavía las luces del sol, pero sí las de Vigo, las de su puerto, las del Berbés. Aquí amanece a horas intempestivas, nace la ciudad cada mañana casi se puede decir que nunca anochece, porque la actividad no se frena, no puede.
Desde muy temprano llegan los barcos repletos de pescado, se descargan las capturas y comienza el espectáculo. La subasta es incluso atracción turística, aunque hablando del puerto de Vigo no nos extraña. Porque este puerto tiene la responsabilidad de ser el primero de Europa y una de las lonjas de pescado más activas y modernas del mundo. Los números hablan por sí solos: 384 buques con 6.600 tripulantes manejan las 650.000 toneladas de pescado fresco y congelado que llegan a lo largo del año. Con este volumen se pueden imaginar la potente industria auxiliar que se genera a su alrededor, porque cada empleo en el mar supone cinco en tierra. Es decir, alrededor de 20.000 puestos de trabajo indirectos, entre los que se incluyen transportistas, comercializadores, frigoríficos, constructores navales o conserveras.
Alguna de esta industria es de creación reciente, pero otras como las conservas forman ya parte de la historia de la ciudad.
Ya a finales del siglo XVIII la abundancia de sardina atrajo a miles de catalanes a las rías baixas. En 1882, Benigno Barreras i Casellas, un catalán-gallego montó la primera fábrica de conservas. Al año siguiente el también catalán Massó, inauguró en Bueu En el año 1908 eran ya 46 conserveras en el municipio, que junto con el salazón dieron a la ciudad su primer impulso industrial, con una facturación pocos años después de más de 20.000 toneladas de conservas y exportaciones a Italia, Francia y paises americanos.
Esto se tradujo en una clase social que se dio en llamar la ?Sardiñocracia? que durante más de un siglo manejaron y levantaron la ciudad con potentes industrias. De algunas nos quedan recuerdos, como Massó o Curbera. Y otros nombres continúan en activo como Albo y Alfageme, ambas entre las diez con más facturación de España, o Cerqueira, que era la única familia gallega dentro de aquel gobierno de sardineros. Aquel poderío que duró casi hasta mediados del siglo XX, ha dejado una importante estela, tanto en empresa auxiliar como en investigación, como es el caso de Anfaco, la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas, instalada en Vigo desde 1904. Aunque el sector conservero mantiene importantes cuotas de producción, la escasez de la materia prima, la sardina, lo sumió a lo largo de la historia en diversas crisis.
A mediados de siglo se instalaron ya las primeras bateas en la ría de Vigo para la cría del mejillón. Fue el inicio de la acuicultura y supuso un respiro para la industria que vió asegurado el abastecimiento con estos criaderos marinos.


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