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PLAZAS DE PIEDRA

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Diego Bernal decía que Compostela es el mayor conjunto urbano de pétreas y hermosas plazas de toda la Península.

Bastará con seguir el contorno de la plaza del Obradoiro para conocer alguno de los más bellos rincones compostelanos. Fonseca, Platerías, La Quintana de los Muertos y de los Vivos, la Azabachería, el Toural.. Cada uno de estos pétreos rincones compostelanos es un paisaje de construcción histórico monumental.

 
La plaza del Obradoiro es sin duda la obra de oro, la joya románica de la ciudad. Pero una vez visto el alma de la ciudad lo mejor es caminar para hacernos nuestra propia Compostela. Aunque la verdad es que después de conocer la gran plaza nos quedamos con ganas de más, así que les proponemos una ruta por las plazas más hermosas de Santiago.
Casi en cada puerta de la catedral tenemos una, y nada más salir del Obradoiro ya nos sorprende la de Fonseca. Con bellos jardines, una fuente y bancos de descanso, justo lo que el caminante pide para retomar fuerzas. Sirve de antesala al renacentista palacio del mismo nombre, el de Fonseca, que hoy es sede de la Biblioteca General de la Universidad.
La calle de la Raíña nos conduce a una de las más bellas, la de Platerías, a la que Otero Pedrayo encontraba un cierto carácter veneciano.
Su nombre, como imaginan, se debe a la cantidad de comercios de plateros que existen en su entorno. En el centro la fuente de los caballos, de 1825, en la que los caminantes se detienen no para beber, sino para contemplar los chorros cantarines que la engalanan. Frente a ella la casa del cabildo, que no es una casa, sino un frontón hecho para adornar la plaza.
Por la escalinata del siglo XVIII subimos hasta la fachada gótica de la catedral, que es una de las primitivas fachadas románicas.
Desde aquí entramos ya por los soportales de la Casa de la Conga que separa esta Plaza de Platerías de la Plaza de la Quintana, que en realidad son dos, la Quintana de los vivos y la de los muertos, que se dividen por una gran escalinata. En esta de los muertos un sobrio muro de granito anuncia un monasterio, y frente a sus enrejadas ventanas la puerta santa, que solo se abre el día del Apóstol en año santo.
El contraste está en la Quintana de los vivos, donde la Casa de la Parra llena todo de fuerza, de néctar y savia de plantas trepadoras, gárgolas y adornos frutales.
Los azabacheros de Compostela dieron nombre a la plaza de Acibechería, donde antiguamente se encontraba la Puerta del Paraíso, la principal entrada de peregrinos. Hoy en día no tiene nada que envidiar, porque está flanqueada por la fachada norte de la catedral y la del Monasterio de San Martín Pinario, el más monumental de la ciudad.
Atravesamos el concurrido arco del obispo, que suele ser punto de inspiración de músicos, para entrar en la calle San Francisco, de nuevo al lado del Obradoiro. Al final de la calle el convento e iglesia de San Francisco, rodeado de jardines y protegido por una bella estatua del santo que se realizó en conmemoración al séptimo centenario franciscano en 1930.
No son estas todas las plazas de la ciudad ni mucho menos, está también la del Toural, la de la Universidad o la de Mazarelos. Son cruces de caminos, lugares de descanso o monumentos. Paradas en el mar de piedra que es Compostela.


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