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ENTRE SISARGAS Y FISTERRA

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Uno de los más bellos tramos costeros y sin duda el más peligroso de la costa gallega.

Nuestro recorrido comienza en Malpica que dibuja su mejor paisaje en las islas Sisargas. Entre las Sisargas y fisterra encontramos el puerto de Camariñas ubicado en una de las rías mas bellas de Galicia. El paisaje más impresionante está en el trayecto entre Cabo Vilano hasta la punta das Forcadas: una sucesión de hermosas playas y acantilados de rocas de aguja tan bellos como peligrosos.

 
A Costa da Morte y el Mar de la Vida. La furia disfrazada de belleza. El eterno castigo de rocas torturadas. Y un sólo océano... El Atlántico más bravo en duelo contra el Finis Terrae de los romanos.
Decían que aquí terminaba el universo, que los confines de la tierra los dibujaba un horizonte azul que ceñía cielo y agua.
Desaparece la tierra. Comienza la Costa Maldita.
Es el mismo oleaje que sepulta hombres en el Mar Tenebroso y da también la vida; que protege puertos pesqueros y pinta villas que parecen esconder la bravura de la Costa. Malpica vive del Mar y para el Mar. Huele a salitre, a madrugadas de pescador y, sobre todo, a puerto. Porque es éste el de mayor actividad, el que reparte de la misma forma riqueza y el temor de quien espera el regreso del marinero.
El Océano aquí tiene siempre la última palabra; hace siglos decidió llamar a los pescadores a la captura de ballenas y ahora les entrega un nuevo compañero de viaje para agarrarse a la Vida: el faro de Punta Nariga.
Es la luz del navegante que desafía al mar en la noche; y es proa de nave encallada en tierra, que encuentra las Islas Sisargas.
La Grande, Chica y Malante... las señoras del viento parece que quisieron demostrar su valentía y se fueron a vivir dentro del Mar.
A una milla escasa del Cabo San Adrián, crearon un hogar que refugió a hombres y anida ahora gaviotas y cormoranes.
Punta Roncudo suena a tragedia; la de percebeiros arrastrados por la dureza del mar, de aguas espumosas que rompen rocas y encuentran calma al rozar Camelle, en arenales como el de Traba...
Acantilados traicioneros, costas forradas de piedra y los mismos vientos que asustan al marinero y atraen a aventureros del océano. En Camariñas encuentran único refugio las embarcaciones deportivas que compiten contra el mejor rival: a Costa da Morte.
Un enemigo que dio nombre propio a este tramo de litoral en 1890, al llevarse para siempre la vida de 172 tripulantes del navío inglés Serpent.
Nadie pudo borrar los ecos de la desgracia pero, pasados seis años del naufragio, se encendió el primero de los faros con suministro eléctrico en España: Faro Vilán. Socorro para marineros, es el fiel vigilante de la energía de la Naturaleza y de un viento que ruge más que nunca en Muxía: la cuna de los percebeiros.
A la sombra de acantilados que se desploman sobre el Océano, un nuevo haz de esperanza.
El Faro de Touriñán tiende la mano al retorno de navegantes. Desde sus alturas, vió la cara más oscura de la marea negra que arrastró el Prestige.
Es la costa más occidental de Europa; la que se traga centenares de vidas humanas en uno de los espectáculos más irónicos de la Naturaleza. La llaman Costa da Morte... y es por algo.


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