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DE SAN ANDRÉS A SANTA CRISTINA

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Navegamos por esta costa llena de contrastes, acantilados, playas de arena fina e islotes imponentes.

El Santuario del Apóstol San Andrés es un privilegiado mirador atlántico que asombra al navegante que encuentra la primera de las Rías Altas, Cedeira. Navegamos por esta costa de abruptos acantilados y playas hasta Santa Cristina, donde la Torre de Hércules nos indica que estamos e A Coruña.

 
San Andrés de Teixido nos suena a magia sólo con nombrarlo. A lugar de romería, a ritos y rituales. Desde aquí conoceremos las rías altas. Paisajes como el de la ría de Cedeira, que está marcado por los contrastes, tranquilos valles encarados a los acantilados más inaccesibles.
Esta es una de las rías más pequeñas, pero para compensar, su puerto es de los más activos, aunque para ello hay que salir de la ría, porque en estas aguas son pocas las capturas.
Recorremos la costa en busca de mares más revueltos, perfilando estas tierras altas y escarpadas. Y llegamos a la playa de Pantín. En verano este arenal es un imán para los surfistas en busca de las mejores olas, es casi un santuario. Aunque si buscamos paisaje de verano nada como éste: A Frouxeira. Cinco kilómetros de arena que se extienden para recibir al Atlántico. Parece casi un espejismo. El litoral gana fuerza y al llegar a Monte campelo y Montefaro la costa se eleva ya hasta los 200 metros de altura.
Aunque es el cabo Prior el que nos muestra todos los rigores de este indómito mar. El faro parece insignificante en medio de esta costa tan salvaje que se ha convertido en la costa del surf.
Tras pasar la espectacular playa de San Xurxo, se asoman las Islas Gaveiras, peñascos puntiagudos que dicen que antiguamente estaban unidos a la costa. Aparte de ser un arenal incomparable, el de Doniños está rodeado de leyenda. Porque en su laguna rodeada por un cordón dunar dicen que permanece sumergida una ciudad por un castigo divino.
El mar se hace infinito. La silueta de las grúas nos anuncia que llegamos a la ría de Ferrol. Una ría activa, donde los pequeños barcos pesqueros conviven con embarcaciones titánicas y la vista de la ciudad industrial contrasta con los recuerdos de una época bélica.
Navegamos por este mar de los ártabros en busca del refugio de pueblos marineros como el de Redes o villas hermosas como la de Ares, que fue también un pueblo pesquero que se desarrolló gracias al turismo.
Desde el mar conocemos Isla Carboeira, un islote donde antiguamente hubo un cementerio.
La playa grande de Miño atrae a tanta gente que en verano la población de este municipio se multiplica por tres.
Frente a ella la ?Perla de las Mariñas?, Sada, una villa que mira al mar, desde el tiempo de los fenicios, que construyeron su puerto.
Este mar de plata esta formado por grandes contrastes, acantilados, playas de arena fina, islotes imponentes o rocas bicolor.
Ya en el área metropolitana de A Coruña nos detenemos en Oleiros. Esta costa conjuga el desarrollo urbanístico y el crecimiento con arenales y paisajes impactantes.
La sombra de la torre de Hércules nos devuelve a la realidad, hemos llegado a la ciudad de la luz.


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