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Outeiro de Rei: Senderos de Belleza

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"En Gaioso, ollando a Chá,
hai dúas penedas ergueiras,
semellan non ser verdá
redondeces tan ben feitas."

Manuel María.

El Miño en Outeiro de Rei, descansa en su curso y crea islas a las que el hombre pone nombre y apellidos: la ínsua de Trabanca, la de San Roque, la de Seivane, la de Pazo... Islas del tiempo en medio de la prisa de los ríos.

 
Así homenajea el poeta Manuel María las grandes moles graníticas que nos asoman en Pena das Rodas a la leyenda, y al paisaje. Un balcón con más de 600 metros de altura que nos muestran esta gran altiplanicie lucense.
Otros miradores que cualquier excursionista puede recorrer son los de los Montes Candai, Porriño, Outeiro, o Ardellal. Alturas que nos muestran el Miño, ese gran río que recorre parte de sus 340 kilómetros de curso atravesando Outeiro de Rei. O Piago es uno de los más bellos rincones en los que soltar la mochila, y hacer un alto en la ruta para reponer fuerzas físicas, y alimentar esas otras impalpables al tacto material, pero que rozan siempre la piel a través de la emoción que nos transmite el paisaje.
La naturaleza es libre, aunque no está demás al venir a Outeiro de Rei, acercarse al Aula de Naturaleza Avifauna, que nos hará valorar más si cabe la riqueza ecológica de estos espacios naturales.
Reemprendemos marcha, y alcanzamos el Campo de Santa Isabel. Piedra, agua y vegetación ponen los puntos suspensivos a cualquier expresión de admiración. Mientras la rueda del molino gira desgranando el pasado, crece la vida en el entorno siendo testimonio del curso del agua en busca de sal. El Miño recibe a otro río, el Ladra, en este rincón sin olvido. En este rincón en el que la capilla se integra como si fuese también fruto de la tierra.
Son los ríos de la vida, los artistas de la naturaleza. El Miño en Outeiro de Rei, descansa en su curso y crea islas a las que el hombre pone nombre y apellidos: la ínsua de Trabanca, la de San Roque, la de Seivane, la de Pazo... Islas del tiempo en medio de la prisa de los ríos.
Una vez estimulada la curiosidad por conocer la naturaleza que abraza todo Outeiro de Rei, sólo nos resta acudir a su llamada. Nos haremos un favor que, seguramente, no olvidaremos nunca.


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