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VACACIONES EN COLOR

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El arco iris de la naturaleza más viva.

Hoy les proponemos unas vacaciones en color, el color del otoño. Porque esta estación es casi la que goza de un paisaje más rico, poli cromático, de texturas, tonos, luces y sombras que se forman en los bosques encantados.

 
Fragas llenas de leyendas y misterios, carballeiras bañadas por las venas fluviales de esta Galicia verde.
A medida que pasamos las hojas del calendario el horizonte muda. Llega el color del invierno, el blanco, unión de todos los demás, explosión de luz.
Los ocres y amarillos pintan un panorama de largos paseos y veladas alrededor del fuego.
Y eso es lo que haremos hoy, caminar el otoño. El bosque nos espera, y en nuestro camino nos encontramos con Ana y Víctor, dos conocedores de este cuadro de entretiempo. Este bosque de hayas es lugar habitual para ellos, así que nos invitan a conocer todos sus encantos.
Caminamos por una alfombra de hojas, blanda y húmeda. Los inmensos troncos flanquean nuestros pasos. Nos cuentan que son pocos los que conocen este sitio, lo que aumenta su encanto.
Es como un bosque hechizado, donde el tiempo se hubiese parado en algún momento en el que la naturaleza lo consideró oportuno. Es ideal para sentir la paz, el sosiego, reconciliarse con la vida y fortalecer el espíritu. Recordar los instintos primitivos, los olores primarios, los sonidos más básicos que forman la melodía del transcurrir de la vida donde ésta no pasa.
Nos sentimos olvidados del mundo y a la vez privilegiados, protagonistas de un cuento de otoño, vigilados por las hadas y ninfas de este país de fantasía.
Nuestros anfitriones lo disfrutan como si fuese la primera vez que lo recorren, con el mismo entusiasmo que nosotros. Sorprendidos por estos remansos de paz, oasis que aún se esconden en nuestra Galicia encantada y encantadora.
El agua no puede perderse este espectáculo, se acerca tímida en un pequeño riachuelo que asoma recorriendo el laberinto de troncos y rocas.
Tras el paseo Ana y Víctor nos invitan a conocer su casa. Una vieja casa de piedra con más de doscientos años de vida, propiedad de la familia de Ana. Hace 5 años decidieron arreglarla para convertirla en un establecimiento de turismo rural. La reforma fue difícil, porque quisieron mantener su aspecto antiguo, y el resultado es impecable. El paseo nos ha dejado el corazón caliente, lleno de emociones, y reconfortado, pero no viene mal un poco de calor del fuego alrededor de la lareira, la misma que calentaba las manos de Ana cuando era niña.
Unas castañas y un poco de conversación, a la luz cálida de las llamas ponen el colofón a una jornada inolvidable. Fuera el frío nos recuerda que es otoño, la estación más bonita del año.


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