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LA GALLEGUIDAD

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La galleguidad es un sentimiento de orgullo de la procedencia , de la historia y de la cultura de nuestros antepasados

La emigración, fue el hecho social más característico de los dos últimos siglos en la historia de Galicia. El más trágico y también la causa de la resurrección social de muchos de los pueblos y aldeas del País. Viajar por el mundo puede parecer muy atractivo, pero cuando se sale de casa por pobreza o por penuria, viajar es bien distinto.

 
En el fondo es toda una desgracia. Así, la diáspora que hoy llamamos Galleguidad es el resultado del desequilibrio y del hambre en las bocas. De los estómagos, por un lado; y de los recursos por el otro. Por aquel entonces, los poetas llamaron morriña a la nostalgia, que nacía de la necesidad: la de pagar las deudas, la de comer todos... todos los días; e incluso la de comprar una vivienda..Y mas allá de las Cíes, al otro lado del Atlántico, había un posible futuro.
Sí. La emigración transoceánica fue el más relevante fenómeno social de la Galicia de finales del siglo XIX, hasta después de la guerra civil española. Porque aquella lucha fraticida que dio origen a la Dictadura, fue también motivo de exilio. Tan triste como el provocado por la miseria. Algunos de aquellos gallegos resultaron finalmente hombre ricos, que se adaptaron a América y jamás volvieron. Otros, sin embargo, hicieron de la poética morriña su credo para buscar el reencuentro con el pasado. Al volver, les llamaron ?indianos? y ?americanos?. Porque habían hecho las Américas.
Volvieron a casa para disfrutar de la fortuna conseguida. Crearon riqueza invirtiendo en las villas y en su pequeña aldea; e incluso modificaron algunas de sus costumbres. Fueron generosos construyendo las escuelas que ellos no tuvieron. Trajeron la cultura tabernaria del relato al calor del vino.Y el ?haiga? aquel, el primer coche americano. Y la primera radio. Y el oro hasta en los dientes, en el reloj, en el anillo, o en la cadena con cruz al cuello.
No es de extrañar que muchos de aquellos niños de la postguerra tratasen de imitarles y se fuesen también a América, allá por los años cincuenta del pasado siglo. Desde Vigo, La Guayra estaba mas cerca que Madrid. Gracias a ellos, -a los hijos, nietos y tataranietos de aquellos indianos-, el corazón de Galicia sigue latiendo aún en América. En nuestro idioma y en la música dulce de la gaita, compañera fiel de los días felices. En la poesía de Julio Prado o de Farruco Sesto? En el pulpo o en la empanada de Manuel Corral. En las tardes de los sábados ante la tele.
Todo esto ocurre en las embajadas de nuestra cultura, que son los centros de la galleguidad más gallega que podemos respirar. Pero ya no es lo mismo. Ahora nosotros vamos al Caribe de vacaciones y aunque en América aún vive casi un millón de gallegos, Galicia es la Tierra Prometida para muchos latinoamericanos, por cuyas venas corre la misma sangre de nuestras raíces. Con ellos tendremos que ejercer ahora ?de bós e xenerosos?. Seguir la doctrina escrita por aquellos abuelos que tuvimos, americanos de Cuba, de Venezuela, de Argentina, de Uruguay, de Brasil, de Chile, de Perú, de Santo Domingo, de Méjico, de Puerto Rico, de Panamá,...


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