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Sabores de Ría

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Las Rías Baixas son fuente de riqueza pesquera.

Entre Monte Louro y el Tecla, el Atllántico busca refugio marinero en las Rías Baixas que, cuenta la leyenda popular, creó Dios posando la palma de su mano sobre el Paraíso.

 
Nuestra querencia por el mar nos ha llevado a aprovechar y racionalizar sus recursos para vivir de ellos y ofrecerlos al viajero y al turista. Un gran esfuerzo que se traduce en una amplia oferta hotelera, en balnearios y turismo rural, en los puertos deportivos, los campos de golf y espacios para congresos y convenciones. Desde la desembocadura del Miño, en A Guarda, hasta Muros, las Rías Baixas configuran un paisaje suave de temperaturas dulces que esperan un nuevo verano de sol, ocio y millones de visitantes.
Entre Monte Louro y el Tecla, hay un mar que esculpe estatuas de piedra y otro que se mece en la calma de la playa serena. Entre los montes Tecla y Louro, el Atlántico busca refugio marinero en las Rías Baixas que, -¡cuenta la leyenda popular!- creó Dios posando la palma de su mano sobre el Paraíso. Pero, la verdad de las Rías es que nacen del sublime acto de amor que provocan los ríos principales de Galicia cuando se entregan al mar: Por eso, este trayecto atlántico es la esplendorosa hermosura del paisaje y al mismo tiempo, la sal elemental de la vida marinera. En su horizonte brilla el barco de la vida.
El ?barco de la vida? forma parte de la mayor flota de bajura de la Península Ibérica. Navega estas ?Rías de Invierno? procurando su inmensa riqueza, que está oculta bajo las verdiazules aguas, a pocos metros de la quilla, bajo las bateas. Navega de isla en isla, contemplando como se posa el amanecer sobre la playa, e imaginando como personajes fantásticos buscan tesoros tan ocultos que nunca han sido encontrados.? Porque además, cada una de las cuatro Rías Baixas, entre la Punta Queixal y la Punta do Boi, tiene islas propias y playas de ensueño; personajes imaginados y leyendas imaginarias; paisaje y literatura, en fin, de un mar sereno propicio para el relato.


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