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TERRITORIO ABANDONADO

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Hay en Galicia unos doscientos lugares que podemos considerar territorio abandonadas.

Desde la Consellería do Medio Rural del Gobierno Gallego se están sentando buenas bases para el desarrollo de las comarcas del interior más necesitadas. Al menos alguno de estos lugares deberían reconvertirse en un conjunto de “ecoaldeas” de las que hay ejemplos a imitar en los que la iniciativa pública y privada han hecho posible el milagro.

 
Acabamos de ver la evolución que se ha producido en productos como la miel, uno de los muchos ejemplos a seguir de la gran riqueza que posee la Galicia rural.
Esa evolución es la que se está llevando a cabo en muchas poblaciones abandonadas de nuestro territorio. Porque el abandono de la actividad agraria y el escaso desarrollo del rural gallego ha dejado a lo largo de los años una estela de casa abandonadas, ruinas y pueblos fantasma que salpican toda la geografía.
El 90% de los casi 30.000 focos de población de Galicia tienen menos de 100 vecinos, sólo 13 núcleos superan los 13.000 habitantes. Con estas cifras no nos sorprende que sean más de 200 las aldeas abandonadas. Con calles silenciosas, casas vacías y vidas que nadie vive.
Las ayudas a la rehabilitación han hecho que se empiecen a recuperar casas en ruinas y edificios de valor patrimonial para fines turísticos.
Ya les hemos mostrado en otras ocasiones algunos ejemplos. Aldeas arrinconadas por la naturaleza, o por las modas urbanitas que han decidido darse una oportunidad. Gracias a las ayudas, en este caso, de los fondos europeos hay más vida que nunca entre estas montañas. Con un futuro predecible, los vecinos de las aldeas de Seceda y Seara, se revelaron contra su destino y decidieron darse una oportunidad. Ahora son de los núcleos mejor conservados, auténticas joyas de O Courel.
Pero hemos conocido otras iniciativas igual de interesantes. Nos encontramos en la provincia de Ourense, en la comarca de A Limia. En el municipio de Vilar de Santos se encuentra la aldea de Saa, un conjunto de ruinas que hoy se están poniendo en pie.
Pero la mejor parte de este proyecto es cómo lo están llevando a cabo. A través de un obradoiro de Traballo, organizado por el concello y la Xunta, 22 mujeres y 2 hombres son los que están transformando este paisaje. Dan clases teóricas cada día antes de venir a la obra y una vez aquí lo aplican sobre el terreno. Limpian, desbrozan, mueven las piedras, suben muros, ponen tubos de canalización para llevar los servicios? todo lo hacen ellos. Vemos que se conserva aún algo de la estructura de la antigua aldea, aunque fue todo un descubrimiento, porque cuando empezaron los trabajos, hace unos 6 meses, estaba todo cubierto de maleza. Ahora les queda hasta junio para que se cumplan los planes iniciales de construir un restaurante, una oficina de información, y posteriormente 5 apartamentos rurales.
Nos dirigimos ahora hacia Lugo, una de las provincias más afectadas por la despoblación. Por eso muchos se empeñan en ir contracorriente y activar esta zona. Este fue el caso de dos hermanas gemelas, Maribel y Marisa, que se vinieron de Madrid, tras rastrear toda Galicia en busca de este espacio. Cuatro casas del siglo XVII en medio de un valle situado en las Terras do Miño, reserva de la Biosfera.
Hace cinco años que encontraron este lugar mágico y a pesar del estado en que estaba esta pequeña aldea confiaron en sus posibilidades. Desde hace casi un año podemos disfrutar aquí de un rural casi desaparecido. El nombre nos lo dice todo, ?Longarela?, una contracción de longa y arela, es decir, profundo deseo. Ahora nos ofrecen 10 habitaciones, comidas caseras y 7 hectáreas para recorrer acompañados por castaños, robles y acebos .
Las obras fueron titánicas, la rehabilitación se hizo manteniendo las construcciones tradicionales, con materiales de la zona. Paredes de piedra vista, suelo de pizarra, vigas de castaño, columnas de hierro? todo un retorno a las raíces que nos invita a disfrutar de la aldea, a reconciliarnos con estos territorios abandonados.


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