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Compartimos una jornada de trabajo con una familia que vive del campo.

Son muchos los que una y otra vez se preguntan si es posible vivir del campo en Galicia. Por lo de pronto, hay un dato importante: la actividad agrícola y ganadera genera un resultado final de producción que sobrepasa los dos mil quinientos millones de euros. La industria y los trabajadores empiezan a ver el horizonte con optimismo.

 
Con más o menos complicaciones, con beneficios o sin ellos, con ilusión o desánimo, el caso es que en Galicia siempre han existido un buen número de familias que han vivido de las tareas agrícolas-ganaderas.
Por lo de pronto, el campo gallego ha cambiado completamente en 25 años. En 1980, en Galicia eran unos 500.000 campesinos y utilizaban, para trabajar más de 230.000 animales. Todo, para producir 100.000 huevos al año, 75.000 toneladas de carne y casi un millón y medio de toneladas de leche.
Hoy sólo quedan 15.000 animales de carga y algo más de la décima parte de empleo agrario (unos 60.000). Pero la producción de carne se ha duplicado, la de huevos es 4 veces mayor y la de leche ha crecido un 80%. A parte, también un 80% de esta producción agrícola se transforma sin salir de nuestra Comunidad.
Hablando en cifras: la actividad agrícola y ganadera genera actualmente más de 2.500 millones de euros.
Han sido muchos los factores que han intervenido en este significativo cambio, pero sin duda alguna, paliar las consecuencias de una población envejecida y la necesaria modernización del sector han resultado ser las más reveladoras. La estrategia de producción agraria en este nuevo escenario está ahora condicionada fundamentalmente por conseguir una mayor calidad, una reducción de costes, una buena capacidad comercial y, en suma, por incrementar la capacidad competitiva. Se está demostrando que esto es posible, incluso mejorando la calidad de vida de los trabajadores. La tendencia de una mayor especialización se traduce en un descenso del número de explotaciones y un aumento de media por explotación.
Cada vez se produce más en un espacio territorial más reducido, lo que quiere decir que la actividad agraria se convierte en crecientemente industrial, en el sentido de que la intensificación se une a la utilización de sistemas y tecnologías tales como los invernaderos, granjas, productos y maquinarias. Nuevas fórmulas que producen más en menos tiempo y de un modo más cómodo.
Esta nueva lógica de los procesos de modernización agraria y consiguiente elevación del nivel de vida de quienes trabajan en esta actividad es un nuevo incentivo para que la gente joven reanude la tarea laboral en el campo, posibilitando ese relevo generacional tan necesario en el rural gallego.
Han sido las propias instituciones las que tampoco han querido dejar escapar esta oportunidad de mejorar la política económica de este sector por lo que han volcado sus esfuerzos en buscar planes de ayuda para que, sobretodo, los nuevos agricultores no tengan dificultades a la hora de plantearse este nuevo modo de vida para ellos o para sus familias.
Por su parte la Consellería de Medio Rural destinará más de 53 millones de euros a la mejora y modernización de los sistemas productivos con el objetivo de fijar población en condiciones dignas en el ámbito rural. Este apoyo a agricultores jóvenes se realizará mediante la subvención de parte de los gastos de instalación o mediante la concesión de préstamos para garantizar, en este sentido la renovación del capital humano al frente de las explotaciones.
Además se destinarán otros 3 millones de euros para fomentar el cese anticipado en la actividad agraria de cara a garantizar ese relevo generacional de los mayores de 60 años y mejorar la viabilidad económica de las explotaciones que queden libres, en las que se estima se incorporen otros 600 jóvenes y también se incremente la presencia de la mujer como cotitular de las grandes explotaciones.
En definitiva, el campo gallego se está transformando, hay objetivos que ya se han conseguido pero existen muchos otros por los que todavía hay que trabajar? lo que es cierto es que las condiciones de trabajo han cambiado y la productividad está mejorando Por eso, la industria y los agricultores empiezan a ver el horizonte con cierto optimismo.


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