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PLANO CENITAL DE LA GALICIA URBANA

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El hombre vuela en busca de la ciudad más habitable y la encuentra en Galicia

Podemos elegir entre siete centros urbanos, medianos y pequeños, que lo tienen todo para que disfrutemos de una mayor calidad de vida. Siete ciudades hermosas, próximas a espacios naturales, monumentales, de piedra, con abundantes espacios para el ocio y toda suerte de servicios, nos esperan ahí abajo.

 
El hombre vuela en busca de la ciudad más habitable, la más cómoda y servicial, aquella en la que mejore su calidad de vida. Pues en Galicia tiene siete, siete centros urbanos entre los que elegir, los siete igual de válidos pero con muy diferentes valores que ofrecer.
En Coruña, por ejemplo se encuentra la ciudad de la luz. Es el mar el que ilumina sus mejores paisajes y sus principales atractivos.
Es la luz la que nos regala esa Coruña ?fotogénica?. Un mirador con vistas de postal; es el balcón atlántico que mejor se entrega al mar desde cualquiera de sus perspectivas. El resultado: panorámicas incomparables. En realidad, son sus aguas las que dan dirección a todo lo que aquí acontece; las que marcan un ritmo de vida pausado y esmaltan de azul su fachada. Y es la luz natural de este mar la que mejor ilumina. La ciudad entera es un juego de luz que salpica de brillos cada uno de sus rincones y los transforma en reflejos.
Porque Coruña sigue teniendo el carácter propio de una ciudad que busca aprovechar esa luz de mar que la hace más hermosa. Una luz y un cristal que en tonos diamantinos refleja la historia de una ciudad de vanguardia.
Ahora comprendemos aquello de ?si me dieran a escoger, no se que escogería, si entrar en Coruña de noche o en con cielo del día?.
Sin embargo, llegar a Lugo es como estar en un enorme museo con las obras de arte a tamaño natural, como cambiar de época.
Lugo está envuelta en un círculo mágico. La muralla romana acredita la identidad de esta ciudad, representa su pasado y, a la vez, está llena de vida. Es un monumento que late al ritmo de sus vecinos, que la cuidan y la disfrutan.
Lugo es especial para pasear.
Son muchos los que a diario la caminan y los que piensan en las viejas historias que esconden sus calles empedradas dentro del bimilenario círculo mágico.
Es de las ciudades que han afrontado el cambio pero sin perder las viejas costumbres. Se trata de una mezcla de lo de ayer y de lo de hoy, dos ambientes no reñidos y perfectamente compatibles.
Ourense siendo de interior, bien puede ser la ciudad del agua. Por sus Burgas, sus más populares fuentes, y por sus termas, por sus inagotables fuentes urbanas . Por esa agua que sacia la sed y por esa que quema pero que sana.
El Miño es su otro mar de vida, se abre como una herida a las tierras orensanas, marca una brecha que atraviesa la ciudad, pero que también la une a través de sus emblemáticos puentes.
Los ourensanos han sabido aprovechar este regalo, tanto por el paisaje como por las cuestiones más prácticas. Las cálidas aguas de las Burgas llegan hasta el Miño y sus riberas se llenan de piscinas naturales, que forman un auténtico paraíso termal. Esta cultura balnearia está muy arraigada en toda la provincia, y se vive como algo natural. Ya ven que el placer está al alcance de todos, los romanos nos pusieron en bandeja la oportunidad y en la ciudad termal sin duda la han sabido aprovechar.
En Pontevedra nos aguarda uno de los conjuntos históricos y monumentales más importantes de Galicia. Una ciudad que con razón llaman romántica y que nos sorprende por su arquitectura antigua, calles empedradas, bellos soportales y hermosas plazas cargadas de historia.
Hoy en día Pontevedra es una ciudad museo. Habitado por silenciosas musas, con cielo marinero? espejos de agua en calma?porque es un espacio que debate su emotividad entre el mar próximo y el río que la bordea.
Es junto al Lérez, al lado del puente del Burgo crece una nueva Pontevedra y descansa la que cautivó a los románticos autores que nacieron a la sombra de esta piedra tallada por los anónimos maestros canteros.
Ferrol es otra de las ciudades que tiene su historia escrita sobre agua; la de su ría. FErrol es la Ciudad del Mar, porque nació marinera desde su origen, en el Castro Vello y su pequeño muelle de Cruxeiras.
Pesquera, militar, naval? así conocemos a esta villa marinera? a la que su ría transformó en ciudad. Son las aguas escogidas por el atlántico para bañar la llamada ?Tierra de Trasancos?.
La Ría Ferrolana es paisaje y motivo esencial del asentamiento de la Armada en Ferrol y también de vital desarrollo de unos de los astilleros más importantes de España, además de ser una de las principales arterias económicas de la comarca.
A su entrada, entre punta Prioriño y Punta Segaño las vistas son inabarcables, allí donde se alcanza el límite entre el mar abierto y el mar en calma.
La entrada de la Ría que se interna 8 millas desde la boca hasta la desembocadura del Río Grande de Xubia, se ha ido acicalando de majestuosas obras: Los Castillos de San Felipe y de la Palma. Han nacido villas de lo más pintorescas como la Graña o Mugardos, porque Ferrol creció buscando la ribeira de la Ría, apacible e inexpugnable, formada por el Xubia entre los cabos Prioriño y Segaño.
Esta ciudad es Vigo. La ciudad que crece desde el mar, con razón es la verdadera puerta Atlántica. Un día fue la puerta hacia América, cuando muchos gallegos se marcharon en busca de una mayor suerte. Hoy es puerta de Europa y puerta también de retorno. Sello de entrada y de salida a la Galicia de toda las épocas. Es decir: la auténtica Frontera de más allá, como escribió Ferrín, una frontera que empieza o acaba ahí donde se divisan las Islas Cíes.
Y en un vuelo desde el Atlántico llegamos a Santiago, la ciudad de la piedra. Y es la piedra la responsable de tal belleza? y también la luz que en cada instante tiene su encanto. Su intensidad, la inclinación con la que cae? pequeños juegos de color y de tonalidades que por momentos visten de gala todo el casco histórico, el Obradoiro, la Catedral, sus calles...
Por todo, Santiago sigue siendo arte?cada piedra ha sido diseñada hace mucho tiempo para esta tarea, para cuidar el alma medieval y las paredes graníticas de cada edificio noble, para hacer resonar bien cada una de las campanadas que miden el tiempo en la universal Compostela.


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