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FANTÁSTICOS MONTES

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La ruta de los montes fantásticos nos ofrece alguna de las mejores vistas del Atlántico.

Para llegar al Baixo Miño hemos seguido el perfil de la Valga que es monte mítico al que se asciende por Baiona, por Oia o por El Rosal. A Valga es una sucesión de montes fantásticos para recorrer despacio, a pie o a caballo.

 
Desde la veraniega villa de Baiona lo habitual es seguir el curso de la costa por la carretera que nos lleva hacia A Guarda. Un trayecto paralelo al mar, a un Atlántico abierto y desafiante.
Hoy cambiaremos la ruta, y subiremos por los montes que nos llevan hasta el Baixo Miño.
A Valga será nuestro camino, una serie de senderos, un conjunto de montes fantásticos que nos ofrecen algunas de las mejores vistas de esta zona.
Se respira paz y se admira belleza por cualquiera de sus costados. Porque a un lado inunda el azul del mar nuestra vista de pájaro, y al otro las hermosas tierras que dibuja esta sierra y que sabemos que cincela el Miño.
Son sendas por las que caminar despacio, disfrutando lentamente del camino, saboreando cada uno de nuestros pasos.
Podemos recrearnos a lomos del caballo para ver más caballos, los salvajes que campan por esta sierra de A Valga. Equinos que son protagonistas una vez al año del curro de A Valga, cuando se reúnen a los mejores ejemplares para cortarle las crines y marcar a los potrillos.
Animales que pacen tranquilos en laderas pintadas de amarillo, bajo el cielo más azul. Laderas que se refrescan con agua de regatos próximos, y que sirvieron para trazar rutas de molinos, como ésta de los Muíños do Folón e do Picón, bañados por el río Da Cal. Aunque también el Tamuxe pasa por aquí y las aguas del Miño, y todas se juntan con el océano en un paisaje increíble. Porque desde aquí nada es imposible.
Lo sentimos al asomarnos al Niño do Corvo, donde contemplamos la vida, los valles fértiles que nos regalan los más preciados vinos, el famoso albariño.
Lo único que nos queda ya es contemplar a vista de pájaro la fusión natural y placentera de la tierra y el mar, el río y el océano, y dos tierras distintas, pero tan próximas que contemplamos los hermanos montes portugueses desde Galicia.


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