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Viaje de Ida

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A veces unas palabras escritas en un folio resultan más desgarradoras que cualquier otra historia de emigración.

Reproducimos la primera carta que se recibió en Galicia de aquel éxodo que fue la emigración. Tiene fecha de 10 de mayo de 1869 y está escrita por José Eyrea Fresco, desde Buenos Aires, y dirigida a su mujer residente en Caldas de Reis.

 
Treinta días tardaba una carta en llegar desde buenos Aires a Caldas de Reis. José Eyrea nos lo mostró, y se convirtió en la voz de los muchos que salieron de aquí, más de dos millones.

?Mi estimada y querida esposa: deseando tu felicidad, aprovecho la oportunidad de la ida de José Barros y por ser persona de confianza, te mando una carta y 3 dólares por él... Que espero que te la entregará y te dirá algunas cosas que yo le indiqué, y te informará en todo lo que precisas para lo que te voy a decir acerca del viaje, que tengo pensado del modo que te voy a decir... Y tu vendes maíz, carro, arado, herramientas y todo... Los potes, calderos y sartenes las traes... Le dices a José y Ramón que no tengan miedo de encargarse de mis bienes que yo hago confianza en ellos... Y te vienes por Vapor o Barco de Vela en cámara... Cuida bien tu salud y tu reputación en el barco, que ninguna mujer es mala sino que ella quiera ser... No tienes que andar llorando por los caminos, pues lo que tienes que hacer es juntarte con nosotros y nada más...?

Era la forma que tenían de comunicarse, lenta y poco fiable, pero las cartas que se enviaban guardaban algo más que letras, encerraban sentimientos, lágrimas, interrogantes, esperanzas?también alegrías, y penas por los momentos no compartidos. Porque los que se iban eran los hombres, dejando aquí mujer e hijos.
Las ?viudas de vivos? que decía Rosalía.
Fue el hecho más trágico de aquella Galicia antigua, pero también el que sirvió para reaccionar y en muchos casos el que provocó la resurrección de la aldea.
Aunque tuvo las dos caras, la resurrección, si, pero también el abandono.
Él sale de Galicia en busca de un mejor futuro, viaja con sus recuerdos como equipaje y la ilusión como compañera.
Hasta que la fortuna le sonríe y decide crecer allí, lejos.
La plata ya le alcanza para que su mujer viaje incluso mejor que él. Así que echan allí sus raíces.
Hacen el viaje de ida, que los lleva lejos de su tierra, de su Galicia natal, pero solo hay distancia si la sentimos. Ya dijo el poeta que ?no hay lugar del que uno se vaya para siempre?. Porque el corazón, nos aseguran, siempre late aquí.


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