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CUANDO MUERE EL SOL

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El mar de la vida y el de la muerte. El de las leyendas y naufragios

La costa da Morte no lleva ese nombre por casualidad. Es un mar fiero, indomable, que no se deja vencer ni someter, que no responde a leyes humanas ni naturales, por eso los hombres le temen. Por que son muchos los que se han quedado para siempre en él.

 
Un mar que baña costa de ensueño, donde la tierra se alimenta del agua salada de lágrimas ajenas.
Porque la vida aquí no es fácil. La sombra de la muerte planea eternamente entre los acantilados, entre la marejada incesante.
Y ya son muchos los recuerdos de alertas, de búsquedas, de cuerpos que el mar nunca devuelve.
Porque aquí solo rigen las normas que él pone. Es justiciero y vengativo. Así lo demostró en alguna ocasión, como cuando en 1938 el velero ?Ocho Hermanos? fue hundido por el mercante alemán Madeleine Reig. Casi 20 años después, el mar lo condujo directo hacia la Punta de O Farelo, donde quedó para siempre, aunque sus tripulantes, milagrosamente, salvaron la vida.
También las cruces del cementerio de los ingleses nos recuerdan aquellos 172 hombres que en 1890 encontraron aquí su muerte.
Ahora ya no son tantos los naufragios, afortunadamente. La estela de luces que iluminan la costa ayuda a que los navegantes se guíen por este mar difícil.
Los faros de la Costa da Morte son evocadores y épicos, son los vigilantes insomnes de una de las rutas de navegación más difíciles de Europa.
Cabo Vilano, del que dice Manolo Rivas que sería el refugio ideal para Hamlet, Faro Touriñán que sirve también para iluminar arriesgadas aventuras de los buscadores de manjares.
O Punta Roncado, donde las rocas guardan los recuerdos de los que se enfrentaron al temible adversario.
Esta estela de luz ha convertido la Costa da Morte en la costa de la vida. Cuando el sol se apaga los faros se despiertan, y cada tarde se repite el espectáculo que admiraron romanos y peregrinos que llegaron hasta el temido fin de la tierra. Porque otra vez, un día más, muere el sol que ha de renacer en la próxima alborada.


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