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EL SILENCIO MONACAL

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La vida monacal transcurría en silencio.

Como en silencio permanecen ahora las piedras de los cenobios, que callan su gran influencia y poder a lo largo de la historia. Los monjes de las principales órdenes religiosas, poblaron las ribeiras de los ríos ourensanos hasta el punto, que allá donde se abrazan Miño y Sil, le dicen Ribeira Sacra.

 
Estas paredes y estas piedras que mantienen en pié los viejos cenobios nos podrían contar seguro el silencio con el que se desarrollaba tras ellas la vida monacal.
Son piedras que guardan grandes historias y grandes secretos sobre la fuerte influencia y poder que ejercían los monasterios en la vida de antaño.
Mandaban más los obispos y abades que los condes por lo que disfrutaban de un enorme patrimonio territorial y jurisdiccional procedente en la mayor parte de los casos de donaciones de la nobleza, o de concesiones y de adquisiciones de El-Rei. De ese modo (Entonces), poblaron los monjes de las principales órdenes monacales las riberas de los ríos ourensanos, debiéndoles así la creación de parte de nuestro patrimonio histórico pero también el mayor impulso del cultivo de la vid.
Es el caso de los monasterios del Ribeiro, que convirtieron esta comarca en una de las más prósperas de Galicia.
Dos monasterios, el de Melón y el de San Clodio, fueron los que principalmente tuvieron vital importancia en el desarrollo de esta zona.
El de Melón perteneció a la orden del cister. Durante el siglo XIII este monasterio se hizo con grandes propiedades, no solo en la actual provincia de Ourense (Melón, Rivadavia, Avión, Allariz y Verín), si no también en la costa pontevedresa (Vigo, Morrazo, Redondela, Porriño, Creciente, A Cañiza y Salvatierra). Estas últimas quizás fueran motivadas por la necesidad de dar salida al producto de sus cotos inmediatos, el vino do Ribeiro.
Hoy estas dependencias han quedado reducidas a las ruinas de dos claustros, el de las procesiones del s.XVI y el de la hospedería.
A pesar de su estado de abandono, este monasterio evoca el esplendor del Cister en la Edad Media, con razón, el conjunto fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931.
De mejor suerte ha gozado el Monasterio se San Clodio, rehabilitado en la actualidad para fines hoteleros. El edificio del monasterio no conserva restos de obras anteriores al siglo XVI, dado que con motivo de su incorporación a la Congregación de Castilla se rehizo completamente. Se trata del monumento religioso más representativo de toda la comarca. Tanto por su fachada sobria, por su torre, la iglesia y sus dos claustros. El llamado claustro de la Portería es obra de la primera mitad del siglo XVII, que sustituyó al primitivo claustro medieval.
El claustro de las Procesiones, del siglo XVI, es también de planta cuadrada, con dos cuerpos. El inferior está compuesto por una gran arcada de ocho vanos por lado. El superior fue reformado, posiblemente en época barroca, y los vanos se redujeron a ventanas rectangulares.
La influencia de estos cenobios, como la que también ejercían otros en distintas paRtes de Galicia, (Sobrado dos Monxes, Celanova, Oseira, San Martiño, Oia, Samos Oseira, Sobrado, Meira, Montederramo, Armenteira, Xunqueira de Espadañedo, Monfero, Franqueira, Carracedo e Penamaior) llegaba a las villas más próximas.
La de Melón y San Clodio llegó a La de Ribadavia en la que se crearon dos conventos. El convento de Santo Domingo de Rivadavia, un importante centro de estudios hasta el sXIX, esta reputado como uno de los más antiguos de la Orden de Galicia, y su hermosa y amplia iglesia, de estilo gótico, como una de las mejores que la misma Orden tenía. Muy cerca y sin nada que envidiarle en cuanto a presencia y hermosura está la capilla neoclásica de Nuestra Señora del Portal, patrona de Ribadavia.
Del convento de San Francisco, no queda casi nada. La suerte deéeste que en principio fue un noviciado, lo llevó afraccionarse en cinco partes. Una de ellas fue comprada por los franciscanos que se volvieron a establecer a partir del 1915. Hoy unicamente existe una pequeña comunidad, que sigue viviendo en el silencio que crece detrás de estas piedras.


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