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EL MAR Y EL POETA

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Dicen que Manuel Lugrís Freire bebía su inspiración en el Mar de Sada

El mar de Sada es también el mar del nuestro poeta, que le dedicó uno de sus libros “As Mariñas de Sada”. En él se aprecia el amor de Lugrís a su tierra y a su ría. Pero Manuel Lugrís tenía siempre en los ojos la luz de plata del invierno en Sada y la luz de oro de los días de verano en la playa de Gandarío.

 
En sus últimos días en Coruña, cuando la salud ya le flaqueaba, Lugrís Freire ?mostrou o seu desexo de volver, non por última, senón por derradeira vez a Sada?.
Y en este año lo ha hecho, ha vuelto a las Mariñas que inspiraron su obra, a la escuela a la que dedicó parte de ella y ha vuelto también a la memoria de las gentes de la Ría de Sada, que como todas las de Galicia le han homenajeado por el Día das Letras Galegas. Dicen que era de familia señorita venida a menos, y por eso tuvo que emigrar a Cuba donde conoció el amor. Pero Lugrís tenía siempre en sus ojos la luz de plata de invierno de su villa gallega y el reflejo dorado del los meses de verano.
Es decir que Lugrís siempre mantuvo una estrecha relación con Sada, una relación afectiva y sentimental pero también intelectual y literaria.
Porque Sada, su mar, su ría? inspiran a los más dulces poetas, como lo hizo con este vecino literato que hizo este mar suyo y le dedicó unos de sus mejores poemas.

Mariña meiga, Sada idolatrado,
Centro do meu amor, sol querendoso
Que a miña ialma de ilusión enchiche;
Augas ledas da ría, rabaleiras
Que vos mirades na espellante linfa;
Todo en Sada tiene sabor a brisa, gusto a salitre, olor marinero y brillo de ese mejor verano.
Una combinación de sensaciones, que despierta cada mañana frente a ese mar que navegaron los ártabros o aquellos que un día, como la familia de Lugrís Freire, cruzaron el Atlántico en busca de un nuevo horizonte.
Aunque también desde la Habana, uno extraña su tierra, las ausencias que alimentan la morriña y el sentir gallego: De Sada extrañaba Lugrís puerto, su pescado fresco y su arquitectura marinera.
Añoraba en sus versos esas aguas tranquilas y esas olas que tumbadas al sol procuraban la playa, la de la villa, y también la de Gandarío, que es hoy la playa de los hijos de la Galleguidad. Los que harán posible que allí, en América, continúe el amor a este nuestro país, como el que sintió Lugris a pesar de la distancia?


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