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DESTINOS ATLÁNTICOS

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Los gallegos nacimos de corazón errante y nos gusta el mundo.

Mientras Galicia se convierte en destino turístico de muchos viajeros, los gallegos nos vamos y optamos por conocer también otros lugares. Ampliamos fronteras y partimos en busca de otras culturas, de buen clima o simplemente de descanso.

 
Cuando llegan las deseadas vacaciones cualquier destino es válido para escapar de la rutina, pero lo más probable es que allá donde vayamos nos encontremos con un paisano. No tenemos unas rutas definidas, pero es cierto que hay algunas ciudades o países que nos llaman más que otros.
Los viajes dentro de la península se adaptan a las economías más ajustadas. Cogemos el coche, la familia y los bártulos y recorremos kilómetros hasta que el tiempo o el dinero se agote. Hacia el sur Portugal es casi como estar en casa, pero en el extranjero. Nos damos un paseo por Oporto como quien pasa el día en Compostela.
Aunque con un poco más de tiempo las grandes ciudades como Madrid o Barcelona son las más visitadas, por su oferta cultural o para la superficialidad de unas compras. Sevilla /Granada/Tenerife.
Los vuelos de bajo coste han popularizado los destinos europeos. Los aeropuertos gallegos cuentan con salidas a las principales ciudades y ya no hace falta mucho tiempo ni mucho dinero para recorrer el viejo continente.
Se oye el gallego cantarín en Picadilly, entre los árboles de Hide Park, en los barcos que surcan el Támesis e incluso en los aledaños del Big Ben londinense. Porque la actividad y el dinamismo de la metrópoli inglesa es reclamo para un fin de semana de todo menos de descanso.
No se extrañen si se cruzan con su vecino en las calles del Trastévere o tirando su moneda en la Fontana di Trevi para llamar a la suerte, porque el carácter italiano empasta muy bien con la retranca gallega y este país es uno de los destinos más solicitados.
El contraste de culturas en el límite entre Europa y Asia es el principal atractivo de Estambul. Los mercados y mercadillos despiertan nuestro carácter feirante, nos sumergimos fácilmente entre el bullicio del gran bazar, aunque también sabemos disfrutar de las excursiones, de los monumentos, las mezquitas...admiramos la diferencia arquitectónica, cultural o de tradiciones de otros países.
Tan diferente como atractivo resulta el misterioso Egipto, por eso los gallegos no nos resistimos a conocer las fantásticas pirámides y a participar en los rituales más típicos del turista. Llegamos incluso hasta la lejana India, el lugar anhelado por sobre todo por los jóvenes.
Atravesamos el océano compartido con gentes lejanas, pero que en ocasiones son los que hicieron el viaje de la necesidad a América. Argentina, México, incluso Estados Unidos son punto de encuentro entre familias gallegas.
Surcamos estos mares de forma muy distinta a la de nuestros abuelos, buscando la calidez de las playas caribeñas, el exotismo de la naturaleza o la frivolidad de una tumbona y un mojito.
Porque para viajar no hay límites, los gallegos nunca los conocimos, ni cuando los desplazamientos eran por necesidad y mucho menos ahora que, como vemos, cualquier punto del planeta está a nuestro alcance.


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