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CALDAS, VILLA JARDÍN

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Nos encontramos ante uno de los más reputados balnearios de Galicia.

Es de realengo, concedido por Felipe II. Es termal desde tiempos de los romanos –aquí estaba la “Aquae Celenae”-. Es residencial y urbana, pero con esencia rural. Y sobre todo, Caldas de Reises es una Villa Jardín, en la que vivir significa disfrutar de una gran calidad de vida.

 
Nunca un topónimo significó tanto. El nombre de Caldas de Reis la viene por las propiedades de sus aguas y porque aquí residieron Doña Urraca y su hijo Alfonso VII. Aunque fue Felipe II quien siglos después la declaró villa de realengo por sus cualidades de residencia.
Nos encontramos ante uno de los más reputados balnearios de Galicia. Caldas de Reis es villa termal, villa residencial, villa fluvial, y villa jardín, en definitiva una villa para vivirla.
Por eso cada uno puede escoger su forma de descanso: los balnearios, el encanto de sus calles empedradas, un paseo a las orillas del río Umia, o una ruta por su Alameda. No cabe la menor duda de que el agua es el principal elemento decorativo y el protagonista central de todo este paisaje. Es el Umia el que le dio la oportunidad a Caldas de ser villa fluvial. Tanto en el trayecto urbano como en el más rural, el río enmarca los paisajes más insólitos como la cascada de Segade.
Pero también es el responsable de reverdecer cada uno de los ejemplares que visten la Alameda Centenaria de la villa. Es el vetusto y centenario roble el que todavía recuerda la excitación que se vivía en Caldas allá por el 1883.
A partir de aquí se eligieron especies botánicas para hacer un jardín. Lo cierto es que en poco tiempo el jardín se convirtió en el que todos habían soñado. Con la salvedad, además, de que contaba con muchas especies autóctonas a la par que exóticas.
Siendo el agua el principal protagonista, no es de extrañar que los balnearios sean la mejor oferta de esta villa que llaman termal. Primero fue el balneario Davila y posteriormente el de Acuña completó la oferta. Dos centros caracterizados por su arquitectura, sus servicios, y por sus propiedades curativas que ya eran conocidas en la época de los celtas.
Caldas reúne las condiciones necesarias para convertirse en la villa residencial y de vacaciones perfecta: calidad de vida, tranquilidad, comodidad y salud.
Por eso son muchos los que han decidido asentarse aquí definitivamente o establecer su segunda vivienda. Porque la villa moderna lo tiene todo.


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