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Ría de Betanzos

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La unión final de los ríos Mendo y Mandeo, forma la Ría de Betanzos.

Son estos dos ríos los creadores de uno de los más hermosos espacios naturales de esta ruta de las Rías del Norte: el estuario de juncos mas diverso que encontramos en Galicia. Este espacio protegido es refugio de aves viajeras y a poco que lo dejamos, hallamos el encuentro de las aguas dulces de los ríos con las aguas saladas del Atlántico.

 
La Brigantium Flavium romana perdió la importancia de su puerto a favor de uno de los más hermosos paisajes de ría. Poco queda de aquel importante enclave portuario de la edad media.
La salida al mar de la actual Betanzos ha quedado obstruída por un proceso de sedimentación que terminó por aislar a la villa y hacerla mirar cada vez más a tierra. Pero la singularidad de su paisaje nos lleva a visitarla.
Con marea baja el saco de la ría se convierte casi en una enorme playa. Betanzos convive con el agua, ya sea de mar o de río. Porque son dos los que la recorren, formando rincones sorprendentes.
Como este del río Mendo donde se conserva el edificio de un lavadero público que vemos que aún está en funcionamiento. Este lavadero das Cascas de estilo modernista fue donado por los Hermanos García Naviera a la villa en 1902.
El río continua su curso atravesando puentes empedrados de la ciudad de los caballeros. Llegamos al punto donde se juntan el Mendo y el Mandeo, que abrazan a la villa para despedirse de la mejor foma posible. Con un bonito paisaje y una mejor fiesta. Aquí esperan las embarcaciones la llegada de su día grande, en el que las engalanan y las sacan de fiesta en la gran romeria fluvial de Os Caneiros.
Los dos forman un amplio estuario de limos con juncos y líquenes, el más diverso de toda Galicia, que es también refugio de aves migratorias.
Desde aquí, donde las aguas saladas ya se empiezan a juntar con las dulces de los ríos, contemplamos la inmensidad del mayor puente de Galicia, el de la A9 que salva la ría de Betanzos.
A su lado el contraste de otro puente de otra época, el de O Pedrido.
Ya cerca del mar abierto disfrutamos de paisajes más veraniegos, los que nos ofrece Miño y Sada, que serán nuestra próxima visita.


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