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Entre la Historia y la Leyenda

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La crónica de la Galicia Medieval se moverá a lo largo de dos periodos brillantes, que se enmarcan entre los siglos VII y XVI.

Surgen en el siglo XIII las primeras estructuras defensivas de muros gruesos y pétreos. A consecuencia de la feudalización prolifera la construcción de fortalezas y castillos consolidando los principales linajes gallegos. Nacen las peregrinaciones a Compostela y todo su entramado cultural que encuentra en los monasterios sus principales centros.

 
Las luchas de poder y territorio durante la edad media sembraron Galicia de construcciones defensivas.
Hoy en día algunas surgen como fantasmas del pasado, vigías de nuestra historia. Algunas piedras apiladas contemplan el paso del tiempo. Restos de torres que sobrevivieron a las más cruentas batallas. Muros que resistieron a lanzas, ballestas o los fuegos de rabia de los irmandiños.
La inseguridad y las experiencias anteriores blindaron la costa gallega con diferentes fortificaciones .
La frontera con Portugal se reforzó para evitar la incursión militar desde el país vecino y a juzgar por su zona limítrofe, los temores eran similares en todos los pueblos.
Los primeros castillos sustituyeron a fuertes de madera. Su evolución fue paralela a medida que cambiaban los métodos de guerra, así fueron cada vez construyéndose recintos más sólidos y robustos.
Según la época, las necesidades y sobre todo la evolución del armamento, las construcciones defensivas varían, aunque casi todas tienen unos elementos comunes: Los muros podían tener hasta 2,5 metros de ancho. En un principio se construyeron de mampostería, aunque ya desde el siglo XIII se empiezan a levantar gruesos muros de piedras de cantería, preparados para resistir los nuevos avances en maquinaria bélica. En muchos se pueden ver aún el escudo de armas sobre la puerta, como símbolo del dominio señorial.
Rodeando el recinto el foso y puente levadizo. Ya en el interior la torre del homenaje, donde vivían el señor y su familia.
Con el desarrollo de las ciudades tuvieron que ampliarse los elementos defensivos de las mismas, y muchas se amurallaron. Algunas hoy en día son una auténtica joya histórica. Recordamos por ejemplo la villa de Viveiro, donde se conservan aún varias puertas, y otras como Baiona o Noia.
Los siglos XV y XVI fueron desastrosos para estas construcciones. La revuelta irmandiña tenía como lema ?abajo las fortalezas?, con lo que se pueden hacer una idea del grado de destrucción. Por esta razón es difícil encontrar completa alguna fortificación de la época anterior a los irmandiños.
Muchos han sido reconstruidos, siguiendo distintas líneas y en algún caso se han introducido nuevos elementos.


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