Mapa de recursos


La Vieja Aldea del Abuelo

Añadir a digg | Añadir a technorati | Añadir a wikio | Chuza esta nova | Añadir a Menéame | Añadir a Del.icio.us | Añadir a Yahoo | Añadir a tuenti | Añadir a fresqui | Añadir a facebook | Añadir a newsvine | Añadir a stumbleUpon | Añadir a spurl | Añadir a blinklist



 

La huella de viejas pisadas que reflejan el paso del tiempo.

Hasta la casa del abuelo llega aún la corredoira. De dura tierra en caluroso verano y de blando barro cada vez que es invierno. Nadie la camina cuando está próxima al frío. Y solo las lagartijas y sus mayores, los lagartos, corretean por ella cuando el sol mas calienta.

 
Le llamamos la aldea del Abuelo, quizás por el olvido o quizás también por el propio recuerdo. Todo aquello que nos reporta a una niñez ya pasada. Es la aldea abandonada, la que suspira por un segundo renacer, la aldea que siempre esperaba al final de un angosto camino.
Hablamos de las viejas corredoiras que llegaban a esa aldea, las que definían el día a día de los que ahora sienten nostalgia, el ir y venir de aquellas gentes que desde siempre se presentaron ?como un rapaz de aldea, ou coma quen di, un ninguén?. Pues así se define bien lo que se entendía por ?la aldea del Abuelo?, un lugar medio aislado, tranquilo y cuidado por buena gente. Esa aldea podría ser la misma que describe Neira Vilas en ?Memorias de un neno Labrego? o la que se recuerda también en ?Historias de un Emigrante? de este mismo autor.
Porque, a pesar de todo, fue la emigración la que tildó de ?camino de ida? a las viejas corredoiras que recorren (cruzan) la Galicia rural y por las que algún ser querido de todos caminó para marcharse.
La huella de esas viejas pisadas son las que reflejan el paso del tiempo, las estaciones y la energía de cada uno de los instantes que a muchos les han quedado grabados. Romper de pronto con esas corredoiras es, para ellos, romper con la propia cultura, lo que es lo mismo, quebrar la personalidad de uno. Son caminos del recuerdo que nos cuentan ricas historias de personas comunes, de personajes y de leyendas que en definitiva, son las que mantuvieron viva la aldea del abuelo. Puede que sus imágenes se hayan ido difuminando con el paso de los años, y otros tantos inviernos los que hicieron crecer las zarzas que todo lo cubren.
La mayoría, que se fueron con lo puesto, dicen, se fueron pobres y casi todos tuvieron que vender o hipotecar sus propiedades o las de sus familias para buscar un nuevo porvenir en América. Otros simplemente pasaron la llave a la puerta para buscar el futuro mejor en las villas modernas.
Sin embargo, el tiempo les mostró que la mayor pobreza había sido quedarse sin aldea y todo lo que la recordaba. Como algunos escribieron: ?Perdí mis canciones que vuelven sólo para que llore. Mi perro ya olvidado, de obedecer al nombre. Yo que perdí mis cielos, y que ahora soy tan pobre?. La mayor pobreza, fue perder en definitiva, la historia de aquel camino.
Pero del olvido renacen ahora las aldeas, y ya parte del lamento ha cicatrizado?pues la posibilidad del retorno está siempre vigente. La aldea vuelve a tener su fuego encendido. Los caminos son otros, desde esa vieja corredoira, ahora ancha y asfaltada, prevalece el verdescente de los campos. Entre las pocas casas hay plaza y cruceiro... de vuelta en la aldea sentimos el placer del ayer, de su paisaje, disfrutamos de los sabores de lo auténtico.
Hoy todo esto está ya muy cerca del mundo del progreso, al otro lado de la curva de oscuro asfalto.
Así, en un pequeño instante, de vuelta en la aldea renacida, recuperamos las sensaciones que guardaron durante años los corazones de los que nacieron a la luz de la lumbre de una vieja casa al final de una vieja corredoira.


Comparte esta página o añade un comentario en tu Facebook



Última actividad en Facebook