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Vienen de América

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Latinos de sangre y alma, como nosotros, que buscan mejor vida.

Muchos de los inmigrantes, que tienen como meta prioritaria España por razones idiomáticas y de adaptación, recalan en Galicia que fue un pueblo emigrante a lo largo de parte de su historia moderna. La historia se repite pero ahora el viaje es de vuelta.

 
Este es el increíble país que ha dejado atrás. Ha cambiado las playas y la samba de Brasil por la tranquilidad de Santiago de Compostela. Se llama Cassio Manaia. Tiene 25 años y trabaja de camarero. Aunque cuando le surge la ocasión da clases de samba. Hoy reside en Galicia. Cassio es el rostro de un emigrante afortunado. De un chico con un final feliz.
Su sonrisa eterna es casi un desafío a toda una vida llena de pobreza. Nacido en un barrio de fabelas de Salvador de Bahía, hace dos años este joven decidió cruzar el charco en busca de una vida mejor. Allá dejó a un hijo de seis años, Lucas, una madre, Lusidauva y cuatro hermanos. De los cuales siente una tremenda morriña, aunque las cartas y el teléfono hacen más llevaderas las ausencias.
Un pasado de miseria. Una historia como la de cientos de sudamericanos que hacen el viaje que antes miles de gallegos han hecho a sus países. Es la vida de este joven expatriado brasileiro.
Cassio es el perfil del nuevo inmigrante de corta edad y, muchas veces, fuertemente vinculado por razones de idioma, cultura o idiosincrasia con Galicia, pero con una meta bien conocida: buscar un destino mejor, escapando de países que, poco a poco, van saliendo de profundas crisis económicas.
Sin ascendientes gallegos. Este joven cuando vino no conocía Galicia. Solamente sabía que debía que escapar de la inseguridad de su país. Aquí tenía unos conocidos y, poco a poco, fue buscándose la vida hasta que al año consiguió regularizar su situación. Hoy, convive con otros dos compañeros en un piso de Santiago de Compostela. Su vida es tranquila. Se siente feliz. Su sueño ahora es traer a su madre y a su hijo a vivir con él. Inquieto, este joven de carácter amable y alegre, pronto se embarcará rumbo a Brasil para ver a su familia. Su familia aún no sabe nada. La intención es sorprenderles. Desde que ha llegado a Galicia tan solo ha podido ir en una ocasión a su país. Y la distancia se nota en la piel de este soñador.
Cassio es el rostro de un sueño hecho realidad. De una ilusión cumplida, de un destino con un final por escribir. Es la imagen de un futuro mejor. El símbolo de que en Occidente se encuentra la solución a una vida que muchas veces solo encuentra incomprensión.
Son los latinos de sangre y alma. El recuerdo de una historia tan conocida por los gallegos. El reflejo de las ilusiones por cumplir. Son los que vienen de América.


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