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DESPUES DEL DESASTRE

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La franja costera entre A Guarda y Malpica ofrece paisajes de verdadera desolación.

Un ejemplo son los montes que otean el horizonte atlántico desde el Barbanza, especialmente A Curota. Y los espacios hasta ayer verdes de Rianxo. Dicen por aquí que se quemaron hasta las piedras, en una semana de agosto que pasará a la historia por ser la mas negra de todas las semanas negras que ha vivido el monte gallego.

 
Galicia arde, se quema por los cuatro costados. Entre el 4 y el 14 de agosto los gallegos no pudimos ver el cielo, fue imposible ver el sol, el humo picaba en los ojos casi tanto como en el alma.
La Xunta de Galicia maneja una cifra: 77.000 hectáreas quemadas. El Centro Europeo de Información Forestal incrementa esa cifra a 82.232. Pero un informe del Instituto de Economía y Geografía del CSIC sube aún mas las cifras, las 120 zonas quemadas suben más de 92.000 hectáreas.
Galicia arde a pesar de ser una de la regiones más húmedas, con una superficie que no supone màs que el 5,8% del estado español, nuestra comunidad sufre más de la mitad de los incendios que se producen en España.
Galicia arde a pesar de los 70 millones de euros que invirtió la Xunta para combatir los incendios en 2006; este verano Galicia quedó calcinada.
Galicia arde desde A Guarda hasta Malpica; la costa gallega quedó arrasada, las llamas no respetaron ni los espacios protegidos. No situamos en el Monte Louro, perteneciente a un distrito de 12 ayuntamientos donde ardieron más de 13.000 hectáreas. Este del Monte Louro es un espacio perteneciente a la Red Natura 200, con un valor ecológico de una gran importancia y una belleza superada por pocos rincones. Ahora es casi un pedazo de carbón, una montaña de ceniza que se deshace bajo los pies. El fuego arrasó completamente el monte y casi toda una parroquia. Ahora intentan que la recuperación se haga de la mejor forma. Por eso tratan de evitar la erosión y proteger la tierra para cuando vengan las lluvias. Un equipo se ocupa de cortar los árboles quemados y otro de colocar ramas y troncos formando barreras de sujeción. El caso de Monte Louro es algo complejo, los accesos son complicados y la madera hay que retirarla manualmente, así que es difícil que alguna empresa se interese por comprarla. Por otra parte, en el caso de que vengan las lluvias y la tierra no se contenga con estas barreras, toda la ceniza se precipitaría al mar. Además, al pertenecer a la Red Natura, su repoblación está limitada a unas especies y unas condiciones; plantarán el mismo pino del país, que si es una especie autóctona, tal y como estaba antes, pero a partir de febrero.
Galicia arde por muchos factores que quizás confluyeron este año y saltó la mecha: el abandono del medio rural que lo mantenía cuidado y limpio gracias a los usos tradicionales del campo; la mala ordenación, con un terreno forestal de un 68% casi todo en manos privadas; los cultivos masivos promovidos ya en la época de Franco ante el despoblamiento del medio rural, de árboles de crecimiento rápido, dinero inmediato y fuego fácil. Más de un millón de hectáreas están pobladas de pinos y eucaliptos. Los árboles autóctonos, como carballo o castaño, no llegan a las 400.000 hectáreas.
Y como no, los gallegos ponemos manos a la obra, levantamos cabeza y otra vez, comienza la recuperación. No hay tiempo que perder, es casi una tarea contra reloj en las zonas afectadas, porque no podemos permitir que nuestra tierra, nuestro corazón que late en verde quede negro para siempre. Es el punto de arranque para que la sociedad se percate de la importancia de nuestros montes, nuestros pulmones, nuestro paisaje, para muchos su modo de vida, pero para todos los gallegos simplemente su vida.


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