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HISTORIAS DE OTOÑO

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Hace años las historias de aldea se contaban alrededor del fuego del molino, o del horno vecinal.

Las historias de otoño hablan de personajes capaces de convertir el infierno en un cuento de hadas. De las ausencias. De las leyendas. De emigración y abandono. De retorno y de recuperación. De los que eran pobres y ahora son ricos.

 
Hace años las historias de aldea se contaban alrededor del fuego del molino, o del horno vecinal.
Habladurías de pueblo, ausencias, cuentos de la emigración. Cualquier tema era bueno para amenizar las frías noches de las montañas del Suido.
Hoy nos toca buscar una de esas historias.
Hay lugares increíbles donde hacerlo. La zona de la playa fluvial de Avión es un buen sitio para empezar. Cruzamos el puente y nos encontramos con un molino y un paisaje espectacular, donde el verde todavía no cede al otoño. Si seguimos el curso del río encontraremos un lugar perfecto para pasar el fin de semana. Esta casa de Turismo Rural, Valderías, donde antiguamente se curtían pieles, que eran trabajadas con un molino de tracción animal como este.
Una vez descansados, seguiremos buscando nuestra historia. Nos dejaremos guiar por la ruta de los Chouzos. En el monte del suido se encuentran estas cabañas en las que antiguamente los pastores se pasaban meses cuidando del ganado. Sus familias subían a la montaña para llevarles provisiones que les ayudasen a sobrevivir en esos largos meses de frío. Podían estar sin volver al pueblo hasta 6 meses. Y es que en el suido se encontraban los mejores pastos para sus reses.
Cruzaremos estos montes dejando atrás avión y adentrándonos en Covelo. Allí, en la parroquia de Maceira, encontramos otra buena historia. La de este aserradero hidráulico de 1922 que hace un año fue rehabilitado por la Xunta de Galicia y el ayuntamiento de Covelo.
Sirvió de sustento para la familia Vales hasta hace sólo 8 años, cuando Joaquín Vales decidió jubilarse después de haber recogido el testigo de su abuelo y de su padre. Especializado en la realización de carros, muebles artesas, aperos de labranza y traviesas para el tren, el aserradero vuelve a estar vivo.
Con el movimiento del agua las poleas giraban y ponían en funcionamiento la cepilladora y la sierra. Pero había trabajos que esas enormes ruedas no podían hacer. Afilar las sierras, o pequeños trabajos que se hacen en la mesa de carpintero.
Y para conseguir unas buenas herramientas, este viejo aserradero tenía a su lado una fragua en la que crear instrumentos para el trabajo de la madera.
Estas y otras historias podrán descubrirlas si este otoño se acercan al Suido y recorren algunas de sus maravillosas rutas.


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