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PUERTO DE AGUIÑO

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Uno de los puertos más importantes del Barbanza.

En torno al puerto de Aguiño se agrupa la vida de esta punta de la península del Barbanza, que es uno de los más bellos lugares de la costa gallega. En él atraca una importante flota de bajura y algunos barcos de litoral, que abastecen de sabrosos pescados y mariscos a una de las lonjas mas activas de esta Ría de Arousa.

 
Dicen los estudiosos que estas piedras son los restos de un antiguo puerto fenicio. Construido entre los siglos XII y VIII a. C.. Donde las mercancías del exótico oriente medio eran producto de compra-venta. Otros, sin embargo, tienen la teoría de que son los restos de una antigua fábrica de salazón. Verdad o no, este magnífico muro de 22 metros de largo es nuestro punto de partida para conocer uno de los puertos más importantes del Barbanza. El de Aguiño.
Del viejo espigón de la Covasa nos sumergimos en la modernidad de la nueva dársena. Dicen que antiguamente este pueblo, estuvo enterrado bajo el mar. Hoy está a la vista de todos. Es una coqueta villa marinera con una gran actividad.
Y esto se nota sobre todo por la gran cantidad de embarcaciones que salpican constantemente el paisaje portuario.
Una de las cosas que más nos sorprende es como aún se mantiene vivo el viejo oficio de las redeiras, que se dedican a coser las redes estropeadas durante el ajetreo marítimo. Griselda tiene 70 años y es la más tiempo lleva ejerciendo la profesión en el lugar. Sus manos al igual que las de Sonia, casi 40 años más joven, no paran de hilar la red. Llevan tres días trabajando esta fina malla del cerco. Toda una experiencia que nunca tiene fin. Un oficio de transmisión oral que perdura en el siglo XXI. Una tradición más de nuestra Galicia marinera.
Cuando dejamos de observarlas nos sorprende el temporal. El cielo de Galicia se cubre. Y a media tarde, el puerto Aguiño parece otro bajo el fiero manto de las olas y el viento.
Nos dicen que ya no llegarán más barcos. Así que nos vamos hasta Riveira donde los marineros de Aguiño venden hoy los productos del mar.
El ir y venir de la lonja es constante. Y en unos minutos se llena. Nos agrada descubrir que a pesar de ser uno de los puntos de venta más importantes de pescado de toda Galicia, es una de las pocas lonjas que quedan como las de antes. Donde no hay pantallas ni ordenadores. Y la gente se entiende a gritos.
Salimos del ajetreo. Y miramos hacia el puerto. Siguen llegando embarcaciones entre el fuerte viento y la lluvia. Riveira y Aguiño huelen a salitre. Pero aún bajo el temporal, venir hasta aquí tiene un encanto especial. Es la magia de la gente de la mar.


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