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LA ETERNA JUVENTUD

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Son mayores y se merecen la gozosa jubilación y una vida digna.

Y sobre todo, se merecen la felicidad de la convivencia. La expresan en sus rostros cuando les visitamos en los centros de día, donde pasan sus momentos de ocio. Y en el ambiente del baile que dicen de la tercera edad, pero que es el más animado. Y en la propia residencia, donde incluso hacen gimnasia. O cuando van de excursión.

 
Al nacer sentimos el deseo de sentirnos acompañados. Es el momento en que la vida cobra importancia. El principio de un camino que no sabe donde tiene el fin.
Flora tiene ya 100 años. Y aún se siente joven. Es una de las abuelas gallegas más longevas y una de las más queridas en su tierra, Guitiriz.
Ella es un ejemplo de mujer por la que no pasa el tiempo. Su mirada. Su sonrisa lo dicen todo. Es la centenaria de juventud eterna.La abuela que todos queremos tener. Porque nuestros abuelos son sabios. Escuchándoles. Observándolos. Podemos aprender mucho de ellos. En la residencia da Veiga, en Láncara (Lugo), encontramos una amplia muestra. Ancianos de cuerpo pero jóvenes de espíritu. Siempre alegres y dispuestos a compartir su tiempo con el compañero.
Un día en uno de estos centros resulta estimulante. Siempre tienen actividades en las que participar. Así que, constantemente hay algo que hacer.
Observarles es un regalo. Acompañarlos resulta gratificante y, escucharles es oír a la experiencia. Son nuestros abuelos. El eco del pasado. La mirada del saber.
Y es que hoy, ser mayor ya no asusta. Son cada vez más los centros dependientes de la Administración, como de las entidades privadas, los que facilitan la tarea del cuidado y ayuda a este colectivo. Centros modernos con personal especializado, que además de su cualificación ponen parte de su ser en un trabajo, a veces, complicado. Dan ternura y compañía a unos ancianos receptivos y cariñosos.
Así son nuestros mayores. Esos viejos sabios de la vida. Caminantes errantes deseosos de ofrecer. Alegres. Compañeros. Amigos. Siempre dispuestos a dar. Son las voces y las caras de la eterna juventud.


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