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LA COSTA DEL CREPÚSCULO

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La mejor manera de descubrir la costa de Bayona hacia el sur, es volando sobre ella.

Para descubrir el secreto atlántico, hay que pasear frente a la espuma blanca que provocan las olas al deshacerse en los acantilados y esperar allí los dorados atardeceres de Baredo, que es faro de Baiona y de la Costa del Crepúsculo.

 
Con los ojos de un pájaro descubrimos la elegancia de este litoral. Cada curva, cada recodo es un continuo coqueteo de la tierra con el océano Atlántico. Una verdadera delicia para observar tanto desde el cielo como si descendemos a tierra.
Al borde del mar nos dejamos sorprender por paisajes marinos increíbles, donde la bravura del mar y el colorido cristalino del entorno, bajo el sol, se funden al unísono, dejándonos como compañeros de viaje a cormoranes y gaviotas. Empezamos nuestra aventura por esta costa tan especial.
Nuestra primera parada es el faro de Silleiro, en Baredo. En este punto se delimita según los marineros, la ría del Vigo por el Sur. La construcción de este halo de luz es de principios del siglo XX. Tiene unos imponentes 85 metros de altura sobre el nivel del mar. Y su torre se ha convertido en todo un referente para el tráfico marítimo de esta zona.
De ahí, si caminamos unos minutos descubrimos otro singular lugar: las ruinas de unas antiguas instalaciones militares. Cañones y baterías formaban parte de un destacamento de 150 soldados, que se asentaron aquí durante la guerra civil. Hoy, están abandonadas y miran en un mudo silencio hacia ese mar por donde antaño llegaba la amenaza de guerra, y donde ahora solo se ven barcos navegar.
Desde lo alto, divisamos la vieja estructura del primigenio faro de Baredo. De la que solo quedan unas viejas ruinas recuerdo de lo que fue allá por el siglo XIX.
Si seguimos el trazado de la costa, a un lado dejamos el litoral de Bayona y las islas Cies, y al otro descubrimos una imponente naturaleza. Montes pedregosos y mar se miran desafiantes. Y entre ellos, elegantes equinos pacen tranquilos en total libertad.
La luz va cayendo. El otoño se deja notar. Y el atardecer nos sorprende. No podemos dejar de mirar el espectáculo. El juego de nubes. La coquetería del sol. Los matices del mar. Cielo y tierra se abrazan en el horizonte.
Llega el final del viaje. Nuestro tiempo se acaba. Dejamos atrás aguerridos pescadores desafiando a los elementos. Y nosotros bajo la luz del crepúsculo nos dirigimos de nuevo, por la costa, hacia Faro Silleiro. Su luz nos guía. Es como un zumbido continuo que nos envuelve, cautivándonos. Nos dejamos llevar por la magia de la noche y aquí, nos despedimos de la costa sur. La costa de la luz.


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