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Esculturas Cantábricas

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Un lugar fulgurante, mágico, insólito y espectacular: el paisaje de las Catedrales.

El Cantábrico ha dejado aquí su mejor arte escultórico trazando imposibles formas sobre enormes rocas. Emergen de la arena como un milagro formando grutas, pasadizos y arco. Un singular decorado que también cambia con las mareas.

 
Suaves temperaturas, arenales infinitos, casi vírgenes y un paisaje espectacular, son los principales atractivos de esta costa entre Ribadeo y Reinante.
Por ello se está convirtiendo en uno de los puntos clave del verano gallego. Casas que miran directamente al mar, casi todas de segunda residencia, para el veraneo, y nuevas construcciones nos anuncian que se convertirá en una importante zona turística.
Sus playas bien lo merecen. Continuamos nuestro paseo hacia Ribadeo. La costa se vuelve más salvaje, más agreste. Las rocas puntiagudas miran al cielo, forman composiciones increíbles.
El mayor espectáculo es el de la Playa das Catedrais, convertida ya en atracción turística. Con la marea baja caminamos entre las formaciones rocosas que crea la erosión del mar.
Pero es en pleamar cuando el arenal queda escondido y emergen las imponentes columnas pétreas donde el mar cincela esculturas, perfora y azota la roca modelando formas inverosímiles.
Un paisaje parecido, pero a menor escala lo encontramos en la playa dos Castros, que junto a las Catedrais y As Illas forman un conjunto monumental de tres kilómetros de longitud. El cantábrico ha azotado durante miles de años estas paredes de pizarra y esquiso, y su trabajo ha dado resultado, los más bellos paisajes se concentran en esta costa.
Entre imponentes paredes de lascas se intuyen playas escondidas por el mar, como esta dos Xuncos.
La ensenada de Cegoñas nos conduce hasta la Punta Corveira, y a la Pena dos Corvos, un estupendo mirador de toda la costa, hasta donde la vista alcance, incluso hasta Burela.
Aún asombrados por la belleza del paisaje llegamos a Rinlo, un pequeño pueblo volcado en el mar, un refugio en nuestro camino. Aquí se construyó la primera cetárea de Galicia, para superar las inclemencias del mar por eso siempre encontramos pescado y marisco fresco en cualquiera de sus restaurantes.
Nuestro trayecto final es igual de sorprendente. Furnas, rocas, acantilados sorprendentes que nos conducen hasta uno de los rincones más emblemáticos de esta costa cantábrica.
El Faro de Illa pancha marca el final de nuestro recorrido. Se construyó a mediados del siglo XIX, hasta que en 1980 empezó a funcionar un nuevo faro, más moderno y adaptado a las necesidades actuales de los barcos que cruzan estos mares.
Aquí nos quedamos, frente al faro, contemplando la inmensidad de esta costa de esculturas.


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