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Aldea de Otoño

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La aldea de otoño, en la Ribeira Sacra, huele a vino y a castañas.

Dicen que entre Parada do Sil y A Teixeira están los soutos mas bellos de la Ribeira Sacra. Se alcanzan desde el río, a bordo del catamarán, o al pié de la serpenteante carretera que impresiona por su estrechez y por su altura.

 
Y si están buscando un sitio para perderse contemplando la naturaleza gallega los cañones del Sil son el lugar idóneo. Entre Parada do Sil y A Teixeira podrán descubrir numerosas rutas llenas de arbolado y arroyos que se juntan al final de las laderas con el mayor afluente del Miño, el río Sil.
Desde sus abundantes miradores naturales se puede ver el recorrido del río, que parte en dos los altos de la zona.
Si seguimos recorrido y vamos descendiendo un poco llegaremos al Monasterio de San Estevo de Ribadesil, hoy en día convertido en Parador y en el que podrán disfrutar de un fin de semana de lujo. Con una mezcla entre la piedra antigua y el diseño más modernista.
Además, entre estos dos ayuntamientos se esconden aldeas con encanto, que tienen mucho que enseñar a los que amen lo rural, la naturaleza, el verde con el que el fuego no ha podido.
Así en Parada de Sil nos encontramos con el monasterio de Santa Cristina. Rodeado de frondosos bosques de castaños este monasterio, cercano al río, resulta un buen lugar para encontrar la calma y disfrutar de unas castañas recién recogidas del suelo.
Pero no sólo esta Terra de Caldelas puede presumir de grandes monasterios. También es conocida por las vistas de sus miradores. El más conocido, Los Balcones de Madrid, cuentan que era el lugar desde el que las mujeres despedían a sus maridos cuando tenían que emigrar.
Otra aldea que tiene mucho que ofrecer es Rabacallos, donde se han rehabilitado varias casas para dedicarlas al Turismo rural, convirtiendo por tanto a esta aldea en un importante núcleo de turismo. Casa Castiñeiros y Casa do Muiño son dos ejemplos de esto.
Si seguimos el río llegamos a Cristosende, ya en A Teixeira, conocido también por su Casa Grande de Cristosende. Esta casona también está dedicada en la actualidad al turismo rural.
Pero ahí no se acaba el encanto, como decíamos, de esta comarca. El cruceiro de la Cruz de Lumeares o su puente romano son lugares que no deben dejar de visitar. Con numerosas rutas de senderismo a la orilla del río podrán recorrer estos dos ayuntamientos.
Y para calmar la sed de tanto pasear llegaremos a Abeleda. Con extensos viñedos encontramos allí una bodega peculiar. La de Gabriel Gothlin, un sueco que se hizo gallego. La Ribeira Sacra es tierra de buen vino, eso si, siempre acompañado de unas buenas castañas. Algo de lo que podrán disfrutar en la típica taberna de aldea. Y es que, como decíamos, en Galicia las aldeas todavía tienen mucho que mostrar al mundo.


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