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El Valle de A Mahía

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El Valle es todo él un delicioso paisaje que inspira.

El Valle es extenso, y tres municipios –Brión, Rois y el propio Ames- ofrecen mil aldeas para vivir en medio de la hermosura, también próxima a los centros urbanos. En los pequeños lugares, en el atrio de sus iglesias o a la orilla de sus pequeños ríos, es donde reconocemos el espíritu de Rosalía y el paisaje que inspiró su obra poética.

 
Un valle, una sierra y un río? los elementos necesarios para dibujar los más auténticos cuadros, para contar las mejores historias, para inspirar a los más insignes poetas y para arropar indudablemente lo que llamamos calidad de vida.
Con esta descripción bien pudiéramos estar hablando del valle de A Mahía, un valle extenso, generalmente luminoso y acogedor para los días de otoño.
Son tres los municipios que comparten paisaje: y la comodidad de vivir cerca del ambiente más urbanita Ames, Brión y Rois.
Porque se encuentran a un paso de Santiago, pero además ya poseen una identidad propia como núcleo de población, con todos los servicios necesarios.
Los urbanitas que gustan de la cercanía del campo han encontrado su hueco en O Milladoiro y en Bertamiráns, dos centros con la vivienda más asequible que en las grandes ciudades, con sus propios comercios, sus centros de ocio, servicios públicos y todo lo que la gente joven y no tan joven pueda necesitar a diario.
La fórmula que ahora todos buscan es la comodidad de una urbanización o la independencia de un pequeño chalet en el campo? y de eso hay mucho en este valle que ofrece mil rincones y otras tantas aldeas para vivir en medio de un interminable paisaje verde.
Lo cierto es que, es todo un lujo vivir en el campo y tener ?todo? cerca. Hasta los pequeños lugares que enamoran.
Desde el atrio de la vieja iglesia, donde antiguamente el cartero repartía la correspondencia los domingos, después de misa, o donde se consolidaron los primeros amores.
La ribera del río, donde el agua aprendió a cantar a la sombra de los olmos y donde gracias a ellos se escribieron algunos de los más sentidos poemarios ?a las orillas del Sar? que lloró Rosalía o las conmociones profundas que el Tambre produjo en el espíritu de Castroviejo.
Las Carballeiras, como la de Santa Minia nos recordarán que en Galicia la vegetación es autócton, igual que lo auténtico de su entorno, en ellas se refleja como en un espejo la imagen de esa tierra donde nació la morriña.
Tapia, Ponte Maceira o Augapesada son espacios que antaño ya fueron testigos de nuestra historia y hoy lo son también de nuestro progreso, de una nueva forma de trabajo, de nuestra nueva vida, y también de una forma nueva de disfrute.
El Valle, en definitiva, es la viva muestra de que la tranquilidad que nos ofrece el campo es compatible con la modernidad y la comodidad de los espacios urbanitas, lugares en los que vivir y trabajar y descansar son acciones que comparten protagonistas y escenario.


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