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Pulpo Embajador

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En todos los centros gallegos, siempre hay un pulpo que echarse al estómago para curar la morriña.

En el mundo, dicen las cifras oficiales, tenemos los gallegos más de 300 embajadas levantadas en honor de la Tierra y para loor de sus más sabrosos productos gastronómicos, del folklore y de la cultura. Se las debemos a los gallegos que emigraron con cuatro cosas metidas en una maleta y, por supuesto, con la receta del pulpo.

 
Cuando aquí es la hora de comer el pulpo con cachelos, en Río de Janeiro lo sirven de tapa y en Hong Kong lo acaban de tomar de cena.
Algunos de los gallegos que vinieron hace unos días al VIII Consello das Comunidades Galegas que se celebró en Santiago de Compostela, son hijos o nietos de aquellos que emigraron con ricos platos como ese. Por eso no reivindicaron ni los sabores del pulpo ni los aromas del buen vino.
Lo que sí han venido a demandar y a consolidar son asuntos como la posibilidad de que los más de 400.000 gallegos que residen en otras comunidades autónomas puedan votar en las elecciones al Parlamento de Galicia? o que el Estatuto de Autonomía recoja el fenómeno de la emigración ?como parte de la realidad social gallega de un modo claro y explícito?. Así como ver la necesidad de regulación de la ?protección del patrimonio gallego exterior?.
En lo que se refiere al reconocimiento de la galleguidad a los individuos, consensuaron que ?a galeguidade? también puede ser atribuida a la comunidad gallega en general, como colectivo que difunde y transmite la lengua y la cultura gallega en el exterior. Decíamos que en todo el mundo hay gallegos y por lo tanto pulpo. Aquí, el pulpo a feira que le dicen ?a la gallega ? fuera de esta esquina atlántica. Es el pulpo nuestro embajador gastronómico y el mejor regalo para los paladares más exigentes.
Es por eso que todo gallego sabe cocinar un buen pulpo y por eso también que allá donde hay un gallego se ansía el sabor de este molusco cefalópodo.
Si algo caracterizó la emigración gallega fue la necesidad de mantener vivo el vínculo con Galicia, ser capaz de mantener sus raíces, y de sentirse gallego fuera de su tierra. Claro ejemplo de esto fue el desarrollo de un fenómeno asociativo sin precedentes en el exterior, que a partir del siglo XVIII, derivó en la creación de innumerables centros gallegos.
En el mundo, dicen las cifras oficiales, tenemos los gallegos más de 300 embajadas levantadas en honor a la Tierra y en homenaje a sus más sabrosos productos gastronómicos, a su cultura , su patrimonio y a sus extenso patrimonio.
Todo se lo debemos a los gallegos que emigraron con cuatro cosas metidas en la maleta y con muchas vivencias y con más esperanza.Entre esas vivencias se encontraban las viejas historias de la receta del pulpo.
Y lo cierto es que en todos los centros gallegos del mundo no hay celebración en la que falte un buen pulpo y un animado baile para curar la morriña.
Son los centros gallegos el gran escaparate de esta Galicia y de los gallegos que fueron capaces de fortalecer más si cabe ese sentimiento de Galeguidade y sentirse a gusto en una sociedad nueva y porque no, con difíciles circunstancias de arraigo.
Es por ello que el asociacionismo gallego, fue, es y será el núcleo vivo del mantenimiento de nuestras raíces y tradiciones, el brote del esparcimiento de nuestra cultura y de nuestro idioma.Así también el responsable de mantener el nombre de Galicia en los lugares de acogida, y en las nuevas generaciones nacidas en el exterior.


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