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Los Ancares ofrecen una gran riqueza paisajística, etnográfica y ecológica.

Adentrándonos en la grandiosidad del paisaje comprenderemos por qué Ancares es la reserva natural de Europa. La belleza inconmensurable de la gran montaña y sus recursos: las actividades derivadas del turismo: caza, pesca, senderismo y patrimonio histórico.

 
Rozando el cielo se alza un paraje increíble. Es la Sierra de los Ancares, en plena montaña lucense. Un lugar de extraordinaria belleza pero también de extrema dureza. Donde, a pesar de las adversas condiciones medioambientales el hombre ha aprendido a adaptarse y a vivir en armonía con la naturaleza. Donde la agricultura se ha convertido en un modo de vida.
Entre los verdes valles, aún hoy, se pueden ver las huellas del hombre. Los campos antes domados con arados hoy, son testigo del paso de los años, apenas visibles aquí. La mano artesana del labriego se deja ayudar por modernos tractores. Todo se mueve lentamente. La naturaleza manda.
Los Ancares ofrecen una gran riqueza paisajística, etnográfica y ecológica. En este Parque Natural,- de interés en toda Europa,- podemos encontrar una abundante y rica fauna de ciervos, gamos, corzos, jabalíes o azores, entre otros animales. Aunque su importancia radica en la existencia de especies amenazadas como el lince europeo, el urogallo, la marta o algún oso pardo que ha decidido darse una vuelta por la montaña gallega.
En sus laderas los castaños y tejos conviven con álamos, abedules, alisos y fresnos. Formando una bella paleta de colores. Los piornales, también, son muy abundantes por la zona.
Y es que este árbol ha dado origen al nombre de una de las parroquias más bellas de esta sierra: El Piornedo, donde sus casas nos trasladan a otro tiempo. La piedra de estas construcciones se funde con la pizarra y armónicamente se entremezclan con el paisaje.
Entre las viviendas podemos encontrarnos curiosos vestigios de nuestro pasado celta. Son las pallozas. Símbolo del ingenio de nuestros antepasados por subsistir a las inclemencias de la montaña. En ellas los hombres convivían con sus animales escapando del frío invierno.
Hoy, sin embargo, se ofrecen al viajero equipadas con todas las ventajas del mundo moderno. Como esta Palloza de Baltasar, en pleno corazón de Cervantes. Donde cualquier turista puede descansar disfrutando de todo tipo de comodidades.
Y del interior nuestros pasos nos llevan a uno de los mayores atractivos del Piornedo: sus cumbres. Las más importantes son: El Mustallar, El Cuiña o el pico de los Tres Bispos donde la leyenda cuenta que se reunían los obispos de Oviedo, Astorga y Lugo. Todo un paraíso para los amantes de la montaña.
Desde las nevadas cumbres los viajeros pueden atisbar las torres del castillo de Doiras. También llamado de la Ferreiría, por su proximidad a la Ferrería de Fonquente. Construido sobre un alto es el monumento más conocido de esta sierra.
Y es que todo el paisaje en los Ancares es un museo Natural. Perdidas entre los valles se le aparecen al viajero pequeñas aldeas de gente amable. Pando, Pradela, Poso, Moreira o Degrada.... son el testimonio de que el hombre ha llegado a todas partes.
Para vivir o para ir de paso. La Sierra de los Ancares siempre es una buena alternativa para perderse. Para internarse en lo profundo de la montaña y vivir en comunión con la naturaleza. Este albergue en plena sierra es uno de esos lugares donde podremos descansar y disfrutar de lo autóctono.
Entre Lugo y León, los Ancares es uno de esos lugares donde las costumbres y la tradición permanecen. Donde la naturaleza dirige los ciclos de la vida.


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