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Las Grandes Playas

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Los dos mares de Galicia han creado auténticos paraísos naturales.

Tranquilos o furiosos. Siempre diferentes. De ola brava o aquietados. De acantilado o de playa. Atlántico y Cantábrico son mares de vida. Los dos mares de Galicia que han creado auténticos paraísos naturales a los que incluso les ha dado forma de playa.

 
La roca granítica, el mar y una atmósfera propiamente costera; forman el prolijo tapiz natural que ha modelado el paisaje de la Galicia que sumerge sus raíces en las aguas.
Son espacios, protegidos, cuidados y mimados para que no dejen de ser, en su mayoría, prístinos (originarios, iniciales, antiguos) arenales que se procuran mantener alejados de las modas.
Como a Lanzada. El topónimo tiene reminiscencias históricas y el entorno los galones suficientes para estar protegido por su condición de espacio natural. Su playa es de las más visitadas en la temporada estival. Pero sus 2.500 metros de longitud y su orientación al Océano le otorgan tintes épicos. El arenal conserva magníficos cordones de dunas en las que crece una flora de largas raíces gracias a la permeabilidad del terreno.
Yacimientos arqueológicos, ritos arraigados a la Galicia de tiempos inmemoriables, creencias populares y religión nos hacen caminar hasta su Santuario en uno de los extremos, donde se iba a rogar a la Virgen después del baño de fecundidad en las aguas del arenal de nuestra señora de a Lanzada.
Desde este gran espacio de arena clara y fina, sometido a fuertes vientos, oleajes y corrientes alternas, nos dirigimos a un tramo de acantilados y playas que marcan el inicio de ?A Costa da Morte?.
Pasamos Monte Louro, y ahí está Carnota. Con cerca de 5 kms de extensión, está considerado uno de los más grandes de Galicia. Su ensenada está ocupada por un extenso y profundo arenal blanco.
Declarado espacio natural, la ley lo protege de las agresiones urbanísticas que puede alterar sus ecosistemas. La playa propiamente dicha cambia de nombre al encontrarse con el Mar de Lira.
La riqueza ecológica de este espacio reside en la variedad de ecosistemas que lo forman. El arenal se funde con una franja de dunas semimóviles formadas por la acción del viento donde crecen especies propias.
Retando al playón se encuentra el Monte Pindo, singular por su morfología y del que nada más apreciar su violento escenario pocos pueden poner en tela de juicio su condición religiosa.
El mirador del Ézaro es el punto donde podemos ser testigos algunos domingos de un fenómeno único en Europa: la desembocadura de un río sobre el mar en forma de cascada. Es el río Xallas.
Avanzando cara el norte, no se pueden imaginar paisajes gallegos sin la obligada referencia al cabo Finisterrae, la que se obtiene desde aquí, donde también se dibuja el perfil del monte Facho.
No cabe la menor duda de que hay muchas otras, pero Del Cantábrico en esta ocasión elegimos la Gran Playa de A Rapadoira, el arenal más popular de este tramo. Por su ubicación forma parte de la Ría del Masma en Foz, una ría que por definición es un valle fluvial. En Foz, el Masma ha ganado la batalla al Cantábrico y se abre paso entre una inmensa lengua de arena. Un buen punto para empezar a caminar y contemplar el Cantábrico.


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