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El Encanto Rural de Compostela

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Compostela es también una realidad rural.

En las tierras de labradío se cultivan los grelos para el lacón y el verde de los prados contrasta con el fondo urbano. Compostela es una realidad rural con más de quince mil vacas pastando en sus aledaños y el mercado de Amio tiene un negocio superior a los sesenta millones de euros.

 
Conocemos Santiago por su cultura, por su historia, por ser un territorio de gran arquitectura y de piedras milenarias.
La capital compostelana ha crecido y también se ha modernizado. Por eso no reparamos en su más que consolidada imagen rural. En un día cualquiera la ciudad de piedra, la peregrina, imprime carácter; la vida urbana y la bohemia se mezcla con pequeños prados, tierras de cultivo, riachuelos y laderas donde proliferan los verdes.
Porque esta es una tierra fértil y húmeda, casi siempre regada por la lluvia y mimada por las nubes.
En Santiago, existe también la aldea, la de toda la vida, en la que crecen los grelos y pastan las vacas. La que conserva las casas con chimenea y la que combina carros y tractores.
Compostela es una realidad rural con más de 15.000 vacas pastando, con razón, el mercado de Amio es uno de los que tiene mayor negocio de vacuno en Galicia. La esencia de lo que fue sigue existiendo pero las maneras se han tenido que adaptar a las nuevas economías. Aún así, los jóvenes santiagueses no apuestan por este modo de vida.
Lo que no cambia es la tranquilidad de vivir en la aldea, una casa en el campo es un lujo para muchos.
Hasta 29 parroquias tiene el territorio Compostelano, el más ganadero se corresponde a las parroquias del norte (San Xoán de Fecha, Enfesta o Sabugueira) aunque Aríns y Marrozos también compiten por este título.
En Bando, los cultivos, como es de esperar en buena tierra, van al tiempo de las estaciones. En el Castiñeiriño, contrastan los dos ?Santiagos? y en Laraño donde las berzas para el caldo de invierno crecen al pie de las nuevas urbanizaciones.
Barciela, San Lázaro? también forman parte de la estampa de aldea, de esa que tiene tantas caras: la rural de siempre, la ganadera, la de descanso, la de huerto, y la de la calidad de vida.


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