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Confín de los Verdes Prados

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A Martiñá, un paraíso escondido

A Martiñá apenas dista 30 kilómetros de Ourense y sin embargo pocos ourensanos han tenido la dicha de disfrutar de estos paisajes, auténticos paraísos escondidos, que bien pudieramos llamar el confín de los verdes prados.

 
A tan sólo 30 klómetros de Ourense nos encontramos con este paraje natural. A Martiñá se eleva entre Cea, Dozón y Chantada. Se trata de un auténtico paraíso escondido que a modo de postal hipnotiza a sus visitantes. Con más de 1000 metros de altura, esta cumbre de trazos suaves forma parte de un conjunto mayor, con el que no quiere desentonar.
Así los prados y el valle de Oseira, y las aldeas de la zona parecen poner el límite a la gran montaña.
Llegar a su cumbre resulta fácil. A pesar de su elevada altura, su ascenso se vuelve suave al paso por lugares como Ricobelo. Vieja localidad de gentes dedicadas enteramente al campo. Es uno de las rutas más agradables para alcanzar la cima. Aunque también lo podrán hacer por la aldea que lleva su mismo nombre, A Martiñá descansa a los pies de su montaña.
Dejarán de camino, siguiendo la ruta que la rodea, otros paisajes que merecen la pena. La naturaleza envuelve este entorno. Verdes sobre verdes se contemplan aquí. Paisajes uniformes, frondosos la mayor parte del año, y ríos y regatos que fluyen entre los pastos casi sin notarse. Como este, el río Bubal, cuyo nacimiento encontramos casi en la cima.
Si bajamos hacia el valle de Oseira nos encontraremos con el río que le da nombre a la zona y también a su famoso Monasterio.
Se halla aquí otra aldea con mucho encanto: Cobelo. Lugar abandonado y situado en el margen derecho del río. La conservación de algunas de sus casas es excepcional. Y de ahí parten caminos que nos llevan al río y que son ideales para perderse y escuchar tan sólo el murmullo del agua y el cantar de los pájaros. La tranquilidad está garantizada en este entorno.
Trabazoso o Covas también se asientan a los pies de esta sierra que casi no es sierra y cumbres que en realidad no se ven como tales.
Así es a Martiñá. Entre agradables vistas se va levantando formando suaves crestas. Mientras el confín de los verdes prados duerme a sus pies.


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