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Parque Nacional de Ancares, La Gran Montaña

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Uno de los mas extensos y menos deteriorados espacios naturales de Galicia.

Estallan los colores en la primavera de la sierra. El brezo y los bosques cambian el ropaje. Este es territorio habitado por el urogallo y el oso pardo, especies en proceso de recuperación que rehuyen de la presencia humana. Y donde crecen los bosques naturales de acebo, abedul, tejo, carballo, castiñeiro.

 
Los colores estallan en Ancares. El brezo y los bosques cambian el ropaje de las lomas de los picos Tres Bispos y Penarrubia.
Sólo algún pájaro que no vemos rompe el silencio en Campas de Brego, donde los pastos se mantienen frescos a estas alturas del año. Así es esta Reserva Nacional de Caza, catalogada como Lugar de Interés Comunitario y Red Natura 2000 de la Unión Europea.
Estamos en el territorio del urogallo y del oso pardo, hoy objeto de un programa de recuperación, animales delicados que rehuyen de la presencia humana. Y de bosques naturales de acebo, abedul, tejo, robles, castaños... Para conocerlos hay que andar.
El albergue y el aula de la naturaleza de Degrada son los puntos de partida de casi todas las rutas de senderismo que serpentean por las montañas de Ancares. Parajes espectaculares en invierno que cuentan historias de aislamiento y soledad seculares. No nos hemos movido del extenso ayuntamiento de Cervantes, concello montañés por excelencia en el que hay mucho que ver. Ancares es un lugar único en el que aún se pueden encontrar relieves montañosos perlados de arboleda autóctona.
Sus características naturales han favorecido los asentamientos humanos en todas las épocas, a pesar de lo dificultoso de las comunicaciones aún hoy en día.
Es más, incluso desde épocas antiquísimas, como prueba el poblado castrexo descubierto en Santa María de Cervantes. Castro cristianizado con una ermita adyacente, como todos en Galicia.
De origen prehistórico, incluso a los gallegos nos llama la atención la pervivencia de las pallozas. Estas de San Román acaban de ser restauradas con fondos europeos, pero reproducen un tipo de vivienda que hasta hace pocas décadas era utilizada tanto por personas como por animales. El calor de las cuadras, aprovechando el desnivel del terreno, junto con el fuego del hogar y del horno de pan, eran los sistemas de calefacción que guarecían a familias enteras.
En Piornedo, aldea a la sombra de los picos Mustallar y Penalonga, en el límite con León, se conserva uno de los más importantes conjuntos de pallozas de las sierras ancaresas. Aquí se puede visitar la palloza museo de Casa do Sesto. El empuje del turismo también ha llegado hasta el confín de Galicia.
Un turismo respetuoso que busca autenticidad es el que elige Ancares. Y poco a poco estas sierras inhóspitas se dotan de servicios, algunos tan imaginativos como la Palloza Baltasar, en la aldea cervantina de Castelo, convertida en un coqueto apartamento de tres habitaciones. O Casa do Crego, en Vilaquinte, un establecimiento de turismo rural con mucho encanto. Acaba de abrir sus puertas, después de una larga obra de once años en el que sus propietarios, Libe y Rafa han invertido algo más que tiempo y dinero. Ilusión y un amor incondicional por Ancares.


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