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Vilar de Barrio, en la Vía de la Plata

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Entre la sorprendente montaña blanca de esta primavera y el verde valle.

La Sierra de San Mamede preside el paisaje. El Arnoia crea el valle y las tierras cultivadas, con la patata como producto estrella. El Camino de Santiago atravesó este territorio como vía cultural en la medioevo. Quedan restos del señorío de las grandes casas y bellas muestras de arquitectura religiosa.

 
El primer pueblo límico que hoy visitamos, está en el centro exacto de la provincia de Ourense.
Vilar de Barrio es el segundo municipio de la comarca de A Limia por población, y está en el presente de la mano de la autovía Rías baixas que lo coloca enfilado a Vigo, Ourense, Santiago, y también, por qué no, Madrid.
Cara y cruz del progreso porque dos antiguas estaciones de tren esperan un tren que nunca va a llegar. El AVE atravesará este ayuntamiento pero sin mirar a los lados.
Si que discurre con calma y regodeo la Vía de la Plata, que atraviesa la comarca de Bóveda y con parada en el nuevo albergue en la capital.
El ritmo aquí, aún es de otra época. Este es lugar para los de siempre, y desde Lugo para los turistas y los peregrinos, pero no para los hijos que estudiaron, muchas veces gracias a los Milagros en Baños de Molgas.
La patata es la principal fuente de recursos económicos en la zona de Vilar de Barrio que pertenecía a la antigua lagoa de Antela. En la zona más montañosa la opción de sustento es el pino.
A lo largo de la excursión de un día descubrimos los dos perfiles absolutamente opuestos de Vilar de Barrio el de alta montaña, y el de la llanura más perfecta que ocupaba la laguna de Antela.
En esta parroquia nos explican que aún no se ha aplicado la concentración parcelaria, y salta a la vista.
Pequeñas industrias de la piedra y madereras, emplean algunas manos. Pero de nuevo decimos que este es lugar para los turistas.
Tras visionar las imágenes que grabamos en Vilar de Barrio, nos pareció que la visita al municipio casi había sido una excusa para entregarnos a la pasión casi enfermiza de conseguir el mejor plano, el mejor perfil de la fascinante Sierra de San Mamede. Además en esta visita limiana añadimos una nueva obsesión, la de los reflejos, el serpenteo del recién nacido río Arnoia.
Con las primeras luces y acompañados por el alcalde, ducho chofer, nos adentramos en las carreteras nevadas que ascendían hasta la cumbre de la Sierra de San Mamede. A priori nuestro objetivo era llegar a la capilla de San Mámede. Ingenuos de nosotros, porque la nieve a esas alturas de 1318 metros alcanzaba el metro de espesor.
Pero cuando nos dimos cuenta que llegar a ningún sitio era lo menos importante, y nos detuvimos en los detalles, fue cuando comenzamos a disfrutar de verdad. Nos paramos con las huellas de los lobos y los corzos en la esponjosa nieve, con los melancólicos pinos, los abedules, con el castaño brillante del pelo de las vacas en medio de la nieve.
Así que nuestra retirada al llegar al aula de la naturaleza, fue después de conseguir grandes victorias.
Las consecuencias de este invierno tan frío y seco se perciben en la hierba más quemada que nunca.
En el descenso la nieve levantó y nos dejó contemplar las tierras de Baños de Molgas, la villa de Maceda, las parroquias de Vilar de Barrio de Arnuide yMaus. Por estas alturas tenían que atravesar los seitureiros que iban a la segar a Castilla y dejaban una piedra antes de su marcha.
Bajamos reflexionando en que distinta nuestra contemplación tan lúdica al lado de la de los seitureiros tan entristecida. Y así llegamos a la parroquia de Arnuide, y nos detenemos en la capilla, y en los hórreos presentes en todo el municipio.
Incluso en el lugar de Outeiro de Vilar de Barrio encontramos esta concentración de cabazos, como les llaman en esta zona.
Siempre bajo la atenta mirada de la omnipresente Sierra de San Mamede, nos acercamos al precioso e imponente Puente de Arnuide del siglo XIII.
Rodeado de un área recreativa consiguen ambos domesticar al asilvestrado río Arnoia que baja desbocado desde la cumbre de la Sierra.
También en Vilar de Barrio los grandes señores ostentaron su poder y marcaron sus casas con sus escudos.
De camino a otra área recreativa seguimos encontrando planos siempre con la sierra de protagonista.
En verano esta área en Porto se llena de vida, y juegos porque lo convierten en una piscina natural.
Cuando pensamos que los mejores paisajes naturales ya los habíamos disfrutado, emprendemos por la tarde la excursión hasta el pueblo de Rebordechao donde acaba la carretera.
Este pueblo de A Ermida abandonado, paradojicamente es el que tiene las casas más bonitas de todas las que hemos visto a lo largo del día, además de que a su entrada nos recibe este, no sabemos si pequeño salto de agua o cascada.
El río Arnoia no se separa de nosotros a lo largo de todo el recorrido. Resistiendo nevadas que pueden anchear su escaso cauce de este seco invierno.
Llegamos a Rebordechao abrazado por toda la sierra. En sus estrechas calles no caben casi ni los coches pero si que es capaz de acoger todas las ensoñaciones que nos provoca.


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